Por ESTEBAN JARAMILLO OSORIO
No fue un tropezón. Fue una herida profunda. Quizás una humillación. Junior se tragó a Nacional, lo cocinó a fuego lento. Jugó para ganar, para campeonar. Nacional atropelló su historia. Se descosió.
Sin dignidad en la caída. Soñando con la remontada, con pocas razones para justificarla. Junior se agigantó desde las tácticas, desde los marcajes hombre a hombre, desde el esfuerzo, desde la solidaridad. Nacional no estudió a su rival.
En Nacional habló el camerino. En Junior, su oficio de campeón. Esteban J.










