Por GILBERTO CASTILLO
Y era un Pontiac, con capacidad para cuatro personas. Alcanzaba una velocidad máxima de 30 kilómetros por hora. Lo trajo don Ernesto Duperly el 21 de julio de 1903. Para 1983 supe de la historia no del automóvil, sino de la mujer que tuvo la primera licencia de conducción en este país dedicado al Sagrado Corazón, y me di a la tarea de buscar su rastro y conocer su historia.
Como era de esperarse, ella había fallecido, pero encontré a su hijo, Oswaldo Duperly, en una finca cerca de Chia, y no solo guardaba, ese primer pase expedido a nombre de Margarita Brigard de Umaña, sino también la historia del Pontiac, con datos precisos y curiosos sobre los hechos importantes que habría de anteceder el desarrollo de la industria del transporte moderno; y entonces escribí esta crónica que también fue publicada en el diario El Espectador.
Algunos datos históricos recientes, hablan de un vehículo traído en 1901 por el señor Marcelino Pulido, pero como no hay una referencia mayor sobre este carro, vayámonos con la historia del carro de Ernesto Duperly que tiene fotografías y testimonio propios.
“De la Estación de la Sabana al centro en automóvil”, fue el tituló que utilizó Tío Kiosko, un cronista de la época, su nota publicada el 22 de julio de 1903, en la que hablaba del suntuoso desfile que organizó Ernesto Duperly para presentarla a la ciudad su automóvil último modelo, traído de los Estados Unidos, y que a la postre, se convirtió en el primer carro que llegó al país.
El desfile de presentación de este prodigioso invento, -que desde algunos años revolucionó al mundo-, mereció aplausos, vivas, discursos y hasta apuntes jocosos. Como era de esperarse, para poderlo poner a rodar junto con el carro, se debió importar la gasolina que aún no se producía en Colombia.
Según Oswaldo Duperly, hijo, por lo difícil del transporte y, como es lógico, por la escasez de carreteras, el carro debió ser traído por barco, siguiendo la ruta del Magdalena, hasta Honda y de allí a lomo de mula hasta Bogotá, donde nuevamente fue armado por un ingeniero norteamericano, que para tal fin contrató su padre Ernesto Duperly.
Estimulado por el éxito de su primer automóvil, Ernesto trajo posteriormente dos carros más para la venta y uno de ellos lo compró el poeta Hernán Villa. En ese entonces estos carros transitaban por las calles de Bogotá y por los caminos en que circulaban los coches tirados por caballos.
“Conscientes de que este nuevo y novedoso sistema de transporte les iba a quitar trabajo, los cargueros y arrieros de mulas, aprovechando que los primeros carros eran descubiertos, tendían cuerdas a cierta altura de lado a lado de los caminos, para que, en el momento de pasar los carros, los pasajeros se golpearan en el pecho y cayeran al suelo. Esta ‘guerra no declarada’, si así se puede llamar, duró poco más de un mes, porque al final los arrieros tuvieron que ceder ante lo inevitable”, termina diciendo Oswaldo Duperly.
El primer mandatario motorizado
El primer mandatario motorizado fue el presidente Rafael Reyes, quien para 1906, utilizó un carro francés, que fue importado especialmente para él.
Como conductor del general Reyes, fue contratado el señor Juan Luis Larrotta, quien a la postre se convirtió en el primer colombiano en ocupar este cargo, siendo posteriormente conductor del también presidente Alfonso López Pumarejo.
Por la misma época, y como los carros son para despertar admiración, llamó la atención un Roadster traído por Ignacio Sanz de Santamaría que, al ser rifado por su segundo dueño, Carlos Lozano, pasó a manos de Carlos Umaña, primer ganador de este tipo de premios.
Los accidentes se describieron con humor
Como es lógico, la licencia de conducción número uno, le fue otorgada al señor Ernesto Duperly. El número dos a don Antonio M. Franco, quien posteriormente en la calle 13 entre carreras 31 y 32, atropelló a un señor de apellido Saravia, a quien le causó la muerte, siendo este el primer accidente fatídico que con automóvil se presentó en nuestro país. Poco tiempo después, el señor Carlos Dávila, apodado Chagualo, causó el segundo accidente, cuando en la carretera del norte atropelló a unos hermanos cristianos, en el momento en que con unos amigos se dirigía al piqueteadero Serrezuelita, causándole la muerte a uno de ellos. Esto dio pie para que el epigrafista Enrique Fernández de Soto, haciendo gala de su humor, escribiera el siguiente epitafio en una lápida conmemorativa:
“Aquí fue donde de un chagualazo soberano
murió de golpe un reverendo hermano
y alguno dijo: ‘seguid sin desconcierto
porque en todo piquete hay un ‘pisco’ muerto’”.
Diez años después, don Antonio Pradilla, representante en Colombia de la casa Ford, atropelló a otro hermano cristiano, lo cual inspiró a don Fernando de Pombo para publicar en la revista Cromos la siguiente redondilla:
“Son mis autos tan livianos
tan rápidos y ligeros
que atropello a los hermanos
y despeño a los viajeros”.
Críticas a la primera mujer que manejó
Doña Margarita de Brigard de Umaña, como ya dijimos, se convirtió en la primera mujer en recibir licencia de conducción, la cual fue expedida por la dirección de tránsito de Bogotá, bajo el número 313 del 22 de diciembre de 1919.
La señora de Brigard fue criticada duramente por sus amigas, quienes consideraban que conducir era una actividad propia de los hombres y por lo tanto iba contra toda norma de comportamiento femenino.
Por esa misma época, los estudiantes tenían como diversión llevar en los bolsillos una libreta en la cual anotaban los números de las placas y los nombres de los propietarios de los vehículos que transitaban por las calles. No faltaron algunos, como Carlos González Arenas, que no necesitaban de libreta porque se aprendían los números y los nombres de memoria. “Le cuento esto porque a Carlos lo conocí personalmente me dijo Oswaldo Duperly. “Y hubo quienes afirmaron que era tal la afición de los muchachos por este juego, que identificaban un carro con sólo escuchar el sonido del pito”.
Paro de transporte por falta de gasolina
En 1921, en Bogotá circulaban 250 vehículos y no existía el derecho de huelga. Pero esto no impidió que el 8 de enero estallara el primer paro de transportes, el cual se produjo porque la gasolina, que era importada, no llegaba con suficiente tiempo a Bogotá y unos pocos comerciantes la acaparaban, subiendo el precio del tambor de 5 galones, de 12 a 45 pesos. La prensa en su totalidad apoyó a los huelguistas y el doctor Ernesto Santamaría, alcalde de la ciudad y el señor Barriga Villalba, director de la Oficina de Tránsito, hicieron traer a lomo de mula la que estaba retenida en Honda. El problema se soluciona y los carros abandonaron los garajes donde habían sido guardados.
En 1925, la firma Broadway Motor Company, cuyos garajes estaban situados en la calle 14, con sus carros, empezó a competirle a los tranvías en el transporte de pasajeros y los caricaturistas y grafiteros de la época, llamados en ese momento, “cortaplumas”, escribieron cosas como
“Pasa un tranvía ‘recumbambiante’
pasa un auto bufando gasolina
pasa un ministro protestante
y pasa fugaz la Loca Valentina”.
*Miembro de la Academia de Historia de Bogotá








