El cuerpo de Jennifer Cristina Rodríguez, una joven colombiana de 23 años originaria del Amazonas, fue hallado envuelto en sábanas frente a una droguería en una calle del distrito de Comas, en Perú, el sábado 14 de marzo. La macabra escena incluía una almohada bajo la cabeza de la víctima y botellas de agua caliente entre las telas que la cubrían, en circunstancias que aún resultan extrañas para las autoridades. Su madre, Inés Moreno, se enteró del trágico suceso a las 9:21 de la mañana de ese día.
Jennifer había migrado a Perú hace tres años impulsada por una relación sentimental con un ciudadano peruano, quien según relatos familiares la mantenía encerrada en el hogar y no le proporcionaba ni siquiera comida básica. Para sobrevivir, la joven salía a vender gelatinas en las calles, una lucha diaria que compartía con su madre en sus últimas conversaciones. Cumpliría 24 años en 2024, pero su vida se truncó de manera violenta, dejando atrás a una niña de cuatro años en Perú, que no es hija biológica de su pareja. Esta última no se ha comunicado con la familia desde hace tiempo, lo que agrava el misterio alrededor del crimen.
El desgarrador testimonio de la madre
Inés Moreno, desde el dolor de la pérdida, relató los últimos momentos de conexión con su hija, cuya última conversación telefónica ocurrió el lunes anterior al hallazgo del cuerpo. Jennifer le confesaba a su madre las penurias que enfrentaba: la necesidad de salir a vender para comprar comida porque su pareja no contribuía en nada. La familia Rodríguez, proveniente del Amazonas colombiano, había advertido a Jennifer sobre esa relación tóxica, pero ella decidió seguir adelante, lo que generó un distanciamiento con el hombre responsable.
«Yo me enteré como a las 9:21 a.m. el sábado 14 de marzo que apareció muerta».
Inés Moreno, madre de Jennifer
«Ella me decía: ‘Mami, yo tengo que salir siempre a vender porque no tengo plata para la comida. Él no pone la comida’».
Inés Moreno, madre de Jennifer, relatando palabras de su hija
Denuncia por abandono institucional
La madre no escatimó en críticas hacia las autoridades colombianas y peruanas, a las que había solicitado ayuda previamente sin obtener respuestas concretas. Ante la indiferencia oficial, Inés Moreno decidió emprender un viaje por tierra desde Colombia hasta Perú para reclamar el cuerpo de su hija, en un acto de determinación que resalta la falta de apoyo estatal en casos de migrantes vulnerables. «Él no habla con nosotros desde antes, porque yo le decía: ‘Jennifer, no te vayas con él’», explicó sobre el silencio de la pareja, a quien nunca aceptó.
«Yo ya había venido a pedirles a ellos, de las autoridades, porque ellos no pueden decir que es mentira. Yo me presenté, yo hablé con ellos y ellos nunca me dijeron que no. Su respuesta siempre era: ‘No. No sabemos, no podemos’. Porque ella vivió en otro país, ya está en otro país, se murió en otro país. No hubo ayuda de ninguno de ellos. ¿Qué yo hice yo? Me voy por tierra, me voy yo mismo a buscar a mi hija en el Perú».
Inés Moreno, madre de Jennifer
Este caso pone en evidencia las vulnerabilidades de las mujeres migrantes que enfrentan maltrato y aislamiento en el extranjero, dejando a una menor de cuatro años en una situación incierta en Perú mientras la familia lucha por justicia y repatriación. Las investigaciones continúan para esclarecer las causas de la muerte y la responsabilidad de la pareja, en un drama transfronterizo que conmueve a la comunidad colombiana.












