En la madrugada del 22 de enero, los cuerpos de Adrián Mathías Pinzón Calvo, un menor de nueve años, y su padre, Marco Antonio Pinzón, fueron hallados sin vida en las inmediaciones de la iglesia de Los Laches, en el centro de Bogotá. Las primeras hipótesis de las autoridades apuntan a un trágico parricidio seguido de suicidio, donde el padre habría disparado contra su hijo antes de quitarse la vida. La familia reportó la desaparición de ambos desde el 17 de enero, con el último avistamiento en el barrio Lucero Bajo de Ciudad Bolívar, durante un paseo autorizado entre padre e hijo.
Adrián se encontraba bajo la custodia legal de su tía materna, Daniela Calvo, tras la ruptura sentimental entre sus padres. El padre y el menor habían regresado a Colombia en octubre de 2025, mientras la madre reside en Estados Unidos. Antecedentes de internamientos psiquiátricos del padre, sin continuidad en el tratamiento, dependencia emocional extrema, celos y amenazas previas contra la expareja marcaron el historial familiar. La familia materna había denunciado episodios de violencia y una amenaza específica: “Si no volvían iba a asesinar a su hijo”, lo que añade un matiz siniestro a los eventos.
El peso de la dependencia emocional
Daniela Calvo relató con dolor los últimos intentos de contacto: “Bloqueó todas las llamadas, el celular del niño lo apagó. Nos dejó incomunicados”. Expertos como Manuela Rozo, magíster en psicología clínica, explican este tipo de tragedias desde una perspectiva profunda. “Cuando hay una persona con dependencia emocional, la separación no solo es dolorosa, sino que se vive como un colaposo interno; es decir, la persona pierde su fuente personal de afecto y de regulación afectiva y aparece un duelo patológico que está marcado por desesperanza, desesperación, miedo al abandono y pensamientos extremos”, señaló. Rozo profundizó: “En hombres con dependencia emocional, los hijos pueden ser percibidos como un vínculo que todavía los conecta con la mujer. Desde esta lógica distorsionada, aparece una forma de violencia instrumental”.
“Bloqueó todas las llamadas, el celular del niño lo apagó. Nos dejó incomunicados”
Daniela Calvo, tía materna de Adrián
“Cuando hay una persona con dependencia emocional, la separación no solo es dolorosa, sino que se vive como un colapso interno; es decir, la persona pierde su fuente personal de afecto y de regulación afectiva y aparece un duelo patológico que está marcado por desesperanza, desesperación, miedo al abandono y pensamientos extremos”
Manuela Rozo, magíster en psicología clínica
Una estadística alarmante en Bogotá
Este suceso se inscribe en un contexto preocupante: entre 2021 y 2024, Bogotá registró 159 muertes por homicidio en menores de 18 años, con el 65% concentradas en localidades como Ciudad Bolívar, Kennedy, Bosa, Engativá y Usme. La ausencia de atención psiquiátrica oportuna y la falta de mecanismos efectivos de protección a menores en conflictos familiares evidencian fallas sistémicas que urgen atención inmediata.
La Fiscalía General de la Nación y el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) lideran las pesquisas para confirmar las hipótesis y esclarecer los hechos. Mientras tanto, el caso de Adrián Mathías conmueve a la sociedad y reaviva el debate sobre la salud mental y la salvaguarda infantil en entornos de rupturas familiares violentas.















