Identifican 93 pistas clandestinas del ELN cerca de poblados en Zulia y Táchira

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Autoridades de inteligencia colombianas han identificado al menos 93 pistas clandestinas en territorio venezolano, un salto significativo frente a las 15 que se monitoreaban a comienzos de 2026, en el marco del seguimiento a los movimientos del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en la frontera. Los reportes, conocidos en exclusiva por El Tiempo, revelan además que el grupo armado ha modificado la ubicación de sus campamentos, instalando algunos de ellos en inmediaciones de centros poblados de los estados Zulia y Táchira, una estrategia que dificulta su detección y eventual ataque.

Los organismos de inteligencia colombianos mantienen vigilancia permanente con drones y otros dispositivos sobre estas zonas, donde se ha detectado no solo el aumento de pistas irregulares sino también movimientos logísticos y de abastecimiento. Entre las pistas documentadas se encuentran las de Río Negro, con 2.200 metros de largo por 30 de ancho; Casa de Hierro, con 2.300 metros de largo y 30 de ancho; Encontrados, en las afueras del municipio, con 1.700 metros de largo y 25 de ancho; y Valderrama, con 1.900 metros de largo y 30 de ancho. Estas infraestructuras, sumadas a las trochas y corredores naturales, conforman una red que conecta la Serranía del Perijá, el lago de Maracaibo, La Guajira colombiana y Norte de Santander, facilitando la movilidad, el repliegue y el tráfico de cocaína.

Vigilancia con drones y nuevas estrategias del ELN

El seguimiento, que incluye verificación de propiedades registradas a nombre de terceros y posibles adquisiciones de terrenos por parte de integrantes o redes relacionadas con la guerrilla, busca establecer la relación directa entre estos corredores, las pistas clandestinas y el traslado de estructuras hacia poblaciones venezolanas fronterizas. En el estado Zulia, los puntos bajo lupa son Encontrados, una planicie húmeda con movilidad fluvial y humedales que conecta con el lago de Maracaibo; El Cruce, en el municipio Jesús María Semprún, cerca de las estribaciones de la Serranía del Perijá y rodeado de trochas boscosas; y Casigua El Cubo, un área pantanosa próxima al río Tarra. En Táchira, la atención se centra en Valderrama, cuyo acceso terrestre es limitado y la movilidad depende parcialmente de embarcaciones.

Mientras las autoridades intensifican la recopilación de inteligencia, el Departamento de Estado de Estados Unidos mantiene una advertencia vigente sobre Norte de Santander por el riesgo de ataques del ELN y otros grupos armados, que incluyen el uso de drones comerciales con explosivos. Este contexto refuerza la urgencia de las investigaciones, pues el incremento de pistas clandestinas y la proximidad de los campamentos a centros poblados en Venezuela sugiere una preparación para operaciones de mayor envergadura o una reconfiguración táctica del grupo insurgente.

El rol de Luz Amanda Payares en la estructura

Dentro de este entramado, las autoridades buscan establecer los movimientos recientes de Luz Amanda Payares, alias Silvana Guerrero, una de las integrantes de mayor permanencia en el ELN y vinculada al Frente de Guerra Nororiental. Su rastro en Venezuela es objeto de seguimiento especial, dada su experiencia y posible participación en la coordinación logística y la reubicación de campamentos. La información recopilada hasta ahora indica que la guerrilla está aprovechando las zonas de difícil acceso y la cercanía a comunidades para camuflar sus actividades, lo que plantea un desafío adicional para los organismos de inteligencia colombianos y las autoridades venezolanas que colaboran en la frontera.

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