Investigadores de la Universidad de Santander (Udes) han dado un giro innovador a una tradición indígena de la región al crear una receta de oblea con hormigas culonas, un postre que fusiona las clásicas obleas con arequipe y hormigas tostadas, destacando su potencial antimicrobiano contra afecciones como gastroenteritis, infecciones pulmonares y de la piel. Esta preparación se consume tradicionalmente en Semana Santa y hasta mayo, impulsada por las lluvias que facilitan su recolección en municipios santandereanos como Barichara, Socorro, Ocamonte, San Gil, Zapatoca, Betulia, Piedecuesta y Bucaramanga.
El proceso es sencillo y rápido: se tuestan las hormigas en un sartén con una cucharadita de aceite de oliva durante diez minutos hasta que su abdomen muestra líneas blancas, luego se unta arequipe en una oblea grande, se distribuyen cincuenta gramos de hormigas tostadas con una pizca de sal y se cierra con otra oblea, completando el montaje en solo cinco minutos para un total de quince. Esta iniciativa busca revalorizar productos locales y la herencia indígena, transformando un símbolo de identidad santandereano en una propuesta vanguardista que gana popularidad en ferias gastronómicas.
Nutrientes, variantes y propiedades medicinales
Las hormigas culonas, consumidas durante siglos en Santander, son una fuente rica en proteínas, minerales y ácidos grasos omega-3, a los que se atribuyen incluso propiedades afrodisíacas, mientras estudios de la Udes confirman la presencia de proteínas antimicrobianas. Para prepararlas, se eliminan alas, patas y cabezas si no están tostadas previamente, y se recomienda servir la oblea de inmediato para disfrutar el contraste entre lo crocante y lo dulce; entre las variantes destacan combinaciones con mermeladas de frutas, café, mora o crema chantilly. Una oblea grande rinde para dos personas, con ingredientes como dos obleas, cien gramos de arequipe y las hormigas, cuyo precio frito oscila entre 120.000 y 150.000 pesos por libra.
Esta receta no solo rescata una práctica ancestral sino que abre puertas a aplicaciones medicinales innovadoras, posicionando a Santander como referente en la gastronomía funcional y sostenible de Colombia.

















