Autoridades investigan un sofisticado esquema de contrabando en la empresa encargada del suministro de alimentos a la cárcel El Buen Pastor en Bogotá, donde empleados de la compañía, en complicidad con internas conocidas como “plumas” y algunos funcionarios penitenciarios, introducían celulares, drogas, armas, licor, ropa y cargadores ocultos dentro de productos alimenticios. Las incautaciones recientes, reveladas por el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec), han destapado esta red que opera desde la adjudicación del contrato en mayo de 2025, el cual alcanza casi un billón de pesos para abastecer a 17 grupos de cárceles en el país.
El mecanismo consistía en esconder los objetos prohibidos en carnes y productos perecederos durante paradas intermedias en el trayecto de los camiones, aprovechando que las inspecciones no permiten el acceso de perros antidrogas a las carnes selladas ni su destape. Estos envíos respondían a pedidos especiales coordinados por internas de alto poder adquisitivo, quienes demandaban artículos de lujo como costillas, langosta, quesos especiales o maquillaje, cuyo valor se multiplica hasta cuatro veces una vez dentro del penal.
Complicidades y testimonios clave
La investigación, impulsada por hallazgos del Inpec de celulares y sustancias ilícitas en revisiones de envíos y profundizada por la revista Semana a partir de testimonios de empleados y decomisos en la cocina del penal, evidencia una red de complicidades entre la empresa, las “plumas” y funcionarios. Además, la licitación del contrato ha sido denunciada ante la Fiscalía y la Procuraduría por presuntas irregularidades, sobornos y pliegos a medida, mientras que la Fundación Cárceles al Desnudo ha alertado sobre presiones y un monopolio en el suministro carcelario. La Unidad de Servicios Penitenciarios y Carcelarios (Uspec) negó conocimiento previo de los hechos e indicó que colaborará activamente y de manera transparente con los organismos de control y autoridades judiciales.
“Hay una orden que impide que perros antidrogas se acerquen a las carnes; tampoco se puede destapar; es el espacio que utilizan para meter celulares, cargadores, ropa y elementos prohibidos y drogas envueltas en plástico, como bolas bien compactadas”.
Funcionario consultado por Semana
Este caso pone en evidencia las vulnerabilidades en el sistema penitenciario bogotano y cuestiona los controles en contratos millonarios, abriendo la puerta a mayores escrutinios por parte de las autoridades para desmantelar estas redes ilícitas que socavan la seguridad y rehabilitación en las cárceles.












