La Tricolor fue la última en obtener la clasificación para octavos de final con una actuación que ilusiona a todo un país y que volvió a demostrar sus argumentos para soñar con el título.
Con este informe la FIFA a través de su página web entregó al mundo su informe cómo va Colombia en el Mundial después de disputados cuatro partidos y de estar entre los 16 mejores equipos del Mundo*
Textos y Fotos: FIFA
Colombia acaba de vencer a Ghana por un 1-0 que no termina de transmitir la superioridad que la Tricolor ejerció sobre su rival en la noche de Kansas City. El conjunto de Néstor Lorenzo había resuelto sin sufrimiento una ronda de dieciseisavos en la que la mayoría de los clasificados debió sufrir hasta último momento para quedarse con el boleto.
La sensación en el aire, repiten los hinchas, es que el combinado sudamericano construyó su victoria con la autoridad de un candidato. Luis de la Fuente, entrenador de la selección española, lo había advertido en una de sus últimas conferencias de prensa durante la Copa Mundial 2026: “Tiene un nivel altísimo, unos futbolistas fantásticos, muy fuertes físicamente, muy rápidos y con una capacidad futbolística de calidad técnica muy alta; basta con ver la delantera que tiene. Es una grandísima selección y la verdad es que, si no la he metido en la relación de candidatas, la meto ahora”.
Jhon Arias, autor del gol del triunfo, terminó de darle forma a esa sensación en la atención a la prensa posterior. Todavía con la adrenalina de una clasificación trabajada pero nunca desesperada, el atacante eligió un mensaje que combinó prudencia y ambición: Colombia no quiere adelantarse a los tiempos del Mundial, pero tampoco disimula la confianza que le genera su propio rendimiento. “Somos una selección que tiene un objetivo claro. Estamos yendo paso a paso, que es muy importante, sabiendo que tenemos cómo soñar, cómo creer, para llegar al último día. Estamos mentalizados que tenemos reales condiciones para llegar al último día”.
Fue otra actuación integral, casi sin fisuras, de un conjunto que plasmó su arsenal futbolístico. Finalista de la Copa América 2024, instancia en la que cayó por la mínima diferencia en tiempo suplementario ante la Argentina campeona del mundo, cerró las Eliminatorias Sudamericanas con un tercer puesto pese a cierta merma en su rendimiento durante las últimas jornadas. Los amistosos de marzo, con derrotas ante Croacia y Francia, habían profundizado las dudas pero Lorenzo y su tropa se encargaron de disiparlas desde el arranque de su debut mundialista. Colombia recuperó sus pilares futbolísticos y le agregó una nueva dimensión a partir del ingreso de Gustavo Puerta, fundamental para equilibrar el mediocampo y darle aún más fútbol al equipo.
La pizarra colombiana hoy es más profunda que en aquella definición de Nueva Jersey ante la Albiceleste. Con una zaga prácticamente inexpugnable liderada por los zagueros Dávinson Sánchez y Jhon Lucumí, laterales que combinan sus proyecciones ofensivas con solidez atrás, un mediocampo de diferentes perfiles que le permite al DT establecer distintas combinaciones, dos cerebros que se reparten los minutos como James Rodríguez y Juan Fernando Quintero y un desequilibrante como Luis Díaz instalado en la élite mundial, la Tricolor plasmó su carácter competitivo en cada una de sus actuaciones.
“El equipo está obteniendo cada vez más madurez. Concentrados, con vigilancias, la portería en cero. Estamos haciendo goles, pudiendo hacer más, pero nos quedamos con el trabajo en colectivo y seguir dándole a este fútbol serio, a este fútbol maduro, que estamos teniendo después de todo lo que hemos pasado en Eliminatorias y en Copa América”, reflexionó el lateral izquierdo Johan Mojica.

“Sabíamos que iba a ser un partido que iba a exigir mucho de nosotros y estuvimos a la altura -aseguró Arias-. Lo supimos manejar. Supimos aprovechar cuando fuimos superiores y supimos aguantarlo. A veces los rivales también te someten un poco. Hoy demostramos que somos una selección madura, que sabe competir y disputar con la pelota, sin la pelota”.
Con Puerta como metrónomo de la mitad de la cancha, Colombia impuso condiciones desde el arranque. La presencia del jugador del Racing de Santander, una de las revelaciones del torneo, le imprimió mayor equilibrio atrás y un despliegue todavía más importante en ataque que le permite mayores libertades a James Rodríguez. El tridente que conforma junto a Jefferson Lerma, un cinco más posicional, y el incansable Jhon Arias representan el corazón del sistema.
En la sala de máquinas, Colombia tiene variantes. En el entretiempo, Lorenzo decidió quitar a James Rodríguez y lo reemplazó con Richard Ríos, titular habitual que en el Mundial ocupa un lugar relevante ingresando desde el banco tras la irrupción de Puerta. “La salida de James fue táctica -explicó el DT-. Era lo que necesitaba el partido en ese momento. Fue táctico, como el ingreso de Juanfer (Quintero) después, porque sale un volante, entra un volante, y debido a las características de uno y otro un poco cambia”.
Ríos, volante del Benfica, ahondó en esa decisión: “Me dieron la indicación de que iba a hacer el papel en el medio con Lerma y con Arias y Puerta un poco más adelantados. Es importante jugar con un 10, que nos da mucha calidad con la pelota, pero cuando no se trata de jugar con la pelota jugamos unos minutos sin 10 y después entró Quintero que saben todos la calidad que tiene”.
Porque la Colombia de los mil registros ya no depende únicamente de la jerarquía de sus nombres propios. Cada uno de sus integrantes, incluso los que ingresan desde el banco, le dan características particulares que le permiten inclinar la balanza en su favor. Lorenzo consiguió instalar un sistema que potencia al colectivo por sobre sus nombres propios: “La manera en que concibo el fútbol es asociado, es colectivo, es formar pequeñas sociedades en distintos sectores del campo. Pero eso tiene que ser parte de un todo y creo que la selección viene trabajando desde el primer minuto en conseguir un funcionamiento colectivo que haga destacar a las individualidades, no que la individualidad haga destacar al colectivo. Creo que eso fue desde el principio, me acuerdo cuando decían de Lucho, de James, de los jugadores que se destacan por su calidad individual, le dan lo mejor que tiene al equipo y creo que de eso se trata. El juego, este juego tan lindo que es el fútbol, de tratar de jugar bien y asociadamente”.
Pero Colombia, a diferencia de otras formaciones de su pasado, también sabe sufrir. Con la ventaja en el marcador, y ante una Ghana que salió en busca del empate, prácticamente no sufrió. Lorenzo elogió también a su última línea: “Me gustó cómo defendimos. Valoro el hecho de no haber sufrido llegadas claras del rival. Con la defensa tan subida, con los laterales que van al ataque, creo que los centrales defendieron muy bien. Tuvieron una responsabilidad muy grande, porque jugaron gran parte del partido en mitad de cancha, manejando el balón en la circulación. Y cuando se perdía, había que salir a jugar mano a mano o en una transición defensiva. Y lo hicieron muy bien. Y después dentro del área también, referenciaron bien a los atacantes rivales. Así que creo que, más allá de que me gusta ver jugar a Colombia con el balón en ataque y generar situaciones lindas de gol, destacó mucho esa seguridad defensiva”.
Carlos Queiroz, viejo conocido que dirigió a Colombia entre 2019 y 2020, elogió a su verdugo: “Fue un equipo mejor y merecieron la clasificación. El ritmo y la intensidad del partido fue muy alto para nosotros. Colombia tiene jugadores, tiene fútbol, tiene pasión, tiene un público increíble. Hoy, cuando llegué al campo y escuché el himno nacional de Colombia, fue el punto de partida en que Colombia empezó a ganar. Colombia empezó siendo más fuerte en la cancha, después de tener un estadio con 60.000 personas de su lado, sin duda. El jugador número 12 jugó un gran papel. Y sentí que mis jugadores, a los que todavía les falta madurez y experiencia por su juventud, estaban tensos, no estaban tranquilos, por la presión”.

La escena terminó de completar el cuadro: Colombia ganó con la pelota, con el empuje de su gente, con la autoridad de sus futbolistas más desequilibrantes y también con esa madurez silenciosa que se construye en las vigilancias, en los retrocesos, en los duelos defensivos y en la capacidad de sostener un resultado sin caer en la desesperación. Fue una victoria contundente en su mensaje: La Tricolor ya no tiene una sola forma de imponerse.
Por eso la ilusión se alimenta con argumentos. El camino todavía exige prudencia, como repiten Lorenzo y sus futbolistas, pero también habilita el sueño que Arias se animó a verbalizar después del triunfo. Colombia va paso a paso, sin perder de vista el próximo obstáculo, pero con la convicción de un equipo que se sabe capaz de llegar al último día.












