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La política necesita más jóvenes, pero también mejores jóvenes

Por SIMÓN GONZÁLEZ RAMÍREZ*

En Manizales viven más de 103.000 jóvenes entre los 14 y los 28 años, cerca del 23 % de la población del municipio. No es un dato menor. Es una generación con la capacidad de transformar el rumbo de la ciudad. Precisamente por ello, Manizales cuenta con una Política Pública de Juventud con vigencia hasta 2031, construida para fortalecer la participación, la educación, el empleo, la salud y el liderazgo juvenil. La pregunta es inevitable: ¿estamos preparando a esos jóvenes para participar, o simplemente los estamos invitando a opinar?

Durante los últimos años se ha repetido una idea que parece incuestionable: la política necesita más jóvenes. Estoy de acuerdo. Pero creo que esa afirmación está incompleta. La política necesita más jóvenes, sí, pero también mejores jóvenes.

Lo digo desde mi propia experiencia. Inicié mi vida política siendo apenas un adolescente. Han pasado quince años desde entonces. Como muchos, empecé creyendo que tener buenas ideas era suficiente para cambiar la realidad. Con el tiempo entendí que las ideas son apenas el punto de partida; el verdadero desafío consiste en convertirlas en resultados.

Hoy, siendo joven, llevo más de tres años de experiencia en el sector público. He tenido la responsabilidad de participar en la ejecución de recursos públicos, coordinar programas, liderar equipos y comprender que detrás de cada proyecto hay normas, presupuestos, planeación, seguimiento y evaluación. Esa experiencia me permitió descubrir una verdad sencilla: gobernar es mucho más difícil que opinar.

Vivimos en una época donde abundan los diagnósticos. En redes sociales encontramos miles de personas diciendo qué está mal en la ciudad. Sin embargo, son muy pocas las que conocen cómo funciona realmente una administración pública, cómo se estructura un presupuesto, cómo se ejecuta un proyecto o cómo una buena intención termina convirtiéndose —o no— en una política pública que transforme vidas.

Por eso creo que el gran reto de mi generación no es únicamente participar. Es prepararse para participar bien.

Manizales necesita jóvenes con pensamiento crítico, pero también con disciplina. Jóvenes que lean, que estudien la administración pública, que recorran los barrios, que entiendan las necesidades de la gente y que sean capaces de construir acuerdos. La política no puede reducirse a un video viral, un discurso emotivo o una publicación con cientos de comentarios. La política de verdad empieza cuando llega el momento de asumir responsabilidades.

También debemos dejar atrás la idea de que la juventud, por sí sola, garantiza la renovación. Hay jóvenes que repiten las peores prácticas de la vieja política y hay personas con muchos años de experiencia que siguen aportando con enorme responsabilidad. La diferencia nunca ha sido la edad. La diferencia está en la preparación, el carácter y la vocación de servicio.

Como joven manizaleño, quiero ver a más personas de mi generación ocupando espacios de decisión. Pero no porque sean jóvenes. Quiero verlas llegar porque estudiaron, porque se prepararon, porque conocen la ciudad, porque entienden el funcionamiento del Estado y porque están listas para responder cuando los ciudadanos les entreguen su confianza.

Las grandes transformaciones de una ciudad no nacen únicamente de las buenas intenciones. Nacen cuando las ideas encuentran personas capaces de ejecutarlas con responsabilidad, transparencia y resultados.

Por eso sigo creyendo en la juventud. Pero creo aún más en una juventud que entiende que el liderazgo no comienza cuando se gana una elección, sino mucho antes: cuando se decide estudiar, escuchar, servir y prepararse para hacer que las cosas pasen.

Porque, al final, Manizales no necesita solamente más jóvenes en política. Necesita jóvenes que estén listos para gobernar.

*Abogado – Servidor Público – Profesor – Columnista de Opinión

Columna de opinión

Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son de exclusiva responsabilidad de su respectivo autor y no representan la opinión editorial de La Veintitrés.

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