Ladrón en Bogotá confiesa que robar celulares es tradición familiar

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Un reciente video publicado en redes sociales ha encendido las alarmas sobre la seguridad en el sistema de transporte masivo de Bogotá. El creador de contenido José Ramírez, conocido en Instagram como @joseramirezr1, entrevistó a un ladrón de celulares que opera en TransMilenio y que, sin ocultar su identidad, reveló los detalles de su modus operandi, sus ingresos y la red de comercialización de los dispositivos robados. La entrevista, que rápidamente generó repudio entre los internautas, expone una realidad que preocupa a los usuarios del sistema.

El delincuente, cuyo nombre no fue revelado, explicó que su método principal es el «raponazo» y que actúa junto a varios «socios». Las víctimas son identificadas cuando usan el celular cerca de las ventanas de los buses, una conducta que el ladrón describió como «dar papaya». «No dé papaya, que guarde bien las cosas, sobre todo en el sitio, sobre todo en las ventanas, donde más fácil uno lo ve», advirtió el entrevistado, en un irónico llamado a la precaución. Los robos ocurren en las estaciones y dentro de los vehículos, y los celulares son posteriormente vendidos en puntos específicos de la ciudad, como la calle 13 y Chapinero.

Las cifras del hurto: ingresos que pueden alcanzar los dos millones de pesos diarios

Las ganancias que obtiene este ladrón son significativas. Según detalló, el precio de reventa depende del modelo y del estado del teléfono. Un iPhone 14 en buen estado puede llegar a pagarse hasta 700.000 pesos, mientras que un iPhone 13 se vende en 200.000 pesos durante el día y 150.000 si es de noche. Para los celulares de gama alta que se comercializan en horario nocturno, el valor máximo no supera los 200.000 o 300.000 pesos. En el extremo inferior, un móvil con la pantalla intacta puede venderse por 80.000 a 100.000 pesos. El delincuente afirmó que, trabajando con sus socios, ha llegado a ingresar hasta dos millones de pesos en un solo día. «Como dos palos», dijo textualmente. No obstante, aclaró que los teléfonos Motorola son difíciles de desbloquear, por lo que no les pagan bien.

El entrevistado no dudó en confesar que el dinero lo gasta en artículos de consumo personal y diversión, no en necesidades básicas. «Me pulí, me compré ropa, los tenis, todo eso. Me llevé a la niña a dar la vuelta. Aquí estamos, gracias a Dios, otra vez, en la calle», relató, evidenciando un ciclo que lo mantiene en la delincuencia.

Una “tradición familiar” que se repite generación tras generación

Uno de los aspectos más impactantes de la entrevista fue la justificación del ladrón. Según explicó, el hurto es una actividad que aprendió desde niño como parte de una «tradición familiar». «Esto viene de generación, así me enseñaron a mí, así me criaron. Mi padre me enseñó este tipo de trabajo, a mi padre le enseñó el abuelo. Entonces, esto ha sido como una tradición familiar, el hurtar», afirmó. Además, reveló que ha robado incluso a sus propios familiares, lo que refleja la ausencia de cualquier escrúpulo moral. «A mí me han llegado a dar hasta 700.000 pesos por un iPhone, un iPhone 14. Yo soy una de las personas que he robado a mi familia. Entonces, de momento, ¿qué me va a importar robar a un extraño que yo no conozco?», dijo con total naturalidad.

«A mí me han llegado a dar hasta 700.000 pesos por un iPhone, un iPhone 14. Yo soy una de las personas que he robado a mi familia. Entonces, de momento, ¿qué me va a importar robar a un extraño que yo no conozco?»

Ladrón de celulares no identificado

A pesar de haber sido víctima de golpizas –lo que él llama «paloterapia»– y de haber estado en la cárcel, el delincuente asegura que esos episodios son parte del oficio. La entrevista también reveló que las zonas donde hay obras del metro son especialmente proclives para los robos, según información de Colprensa. El caso ha reavivado el debate sobre la inseguridad en TransMilenio, un problema constante para los bogotanos, y ha puesto en evidencia la necesidad de medidas más efectivas para proteger a los usuarios. Mientras tanto, el ladrón dejó un mensaje que, viniendo de él, suena a una advertencia: no dar papaya y mantener las pertenencias guardadas, sobre todo cerca de las ventanas.

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