Madre de hermanas asesinadas en Malambo, Atlántico, pide ayuda pública en podcast

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Mari Noriega, la madre de las adolescentes Sheerydan Sofía Hernández Noriega, de 14 años, y Keyla Nicole Hernández Noriega, de 17, ambas asesinadas en Malambo, Atlántico, compartió en el podcast «Más allá del silencio» de Rafael Poveda su profunda vulnerabilidad económica y emocional tras la tragedia que enlutó a su familia. Las hermanas desaparecieron el 18 de febrero de 2026 después de ser invitadas a una fiesta en esa localidad, a solo 40 minutos de Barranquilla, sin el consentimiento de sus padres, y sus cuerpos fueron hallados el 2 de marzo, siendo entregados seis días después directamente del Instituto de Medicina Legal al cementerio, sin posibilidad de velación. Noriega relató cómo los implicados, conocidos como alias «Fabián», «Tata» y «El Mono», de 17 años, exigieron 50 millones de pesos a través de extorsiones vía WhatsApp, acompañadas de pruebas de vida como una foto de la hija menor con un arma en la cabeza y un video donde aparecía maniatada.

La familia ya había recibido amenazas previas meses antes mediante panfletos en el barrio Los Almendros, lo que los obligó a mudarse el 26 de enero, pero el horror se consumó cuando las jóvenes perdieron contacto tras la fiesta. Noriega identificó a los extorsionadores revisando los contactos en el celular de una de las víctimas, y los cuerpos fueron reconocidos por prendas de vestir, huellas dactilares y pruebas de ADN. Los delincuentes advirtieron en su mensaje: no avisar a la Policía ni a la Sijin por infiltrados en esas instituciones. Alias «El Mono», capturado y con un prontuario que incluye un homicidio previo y una fuga de un centro de reclusión para menores, genera temor en la familia por una posible reincidencia.

La voz desgarrada de una madre en duelo

En el podcast, Mari Noriega detalló la cronología de la pesadilla: «Cuando nosotros llamamos ya el teléfono estaba apagado. Nunca llegaron los mensajes, nunca llegaron las llamadas». Recordó el panfleto extorsivo: «Me mandan una especie como de un panfleto como para una sola vez donde dice: sus hijas están secuestradas. La suma es de $50 millones. Por favor, no avisar a la Policía ni a la Sijin porque tenemos infiltrados allí». La angustia se intensificó con las imágenes: «Me mandan una foto de mi hija pequeña para una sola vez donde tiene un arma en la cabeza». El Gaula la alertó sobre el hallazgo: «Cuando me llaman los de Gaula, me dicen: Mari, tienes que ser fuerte, acércate a medicina legal. Al parecer son tus hijas».

«El Mono tiene 17 años y ya se fugó una vez del centro de reclusión para menores. ¿Quién me garantiza que no se va a escapar otra vez?»

Mari Noriega, madre de las víctimas

La familia atraviesa una extrema precariedad: Noriega está sin empleo, su hija mayor dejó su trabajo para dedicarse a la búsqueda, saliendo desde las 7:00 a.m. hasta las 11:00 p.m. sin comer, y deben cuidar al padre enfermo. Reciben apoyo psicológico de la alcaldía, pero la madre clama por ayuda pública ante esta situación desesperada: «Por el momento estoy sin trabajo (…) mi hija mayor también quedó desempleada, dejó su trabajo para dedicarse a buscar a las niñas. Me iba desde las 7:00 a. m. para el Gaula hasta las 11:00 p. m. que llegaba a la casa sin comer, sin desayunar, sin nada». Este caso subraya la violencia que azota a las comunidades del Atlántico y la fragilidad de familias ante el crimen organizado.

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