La psicóloga Estefany Echavarría, de 36 años, recibió el alta médica en la noche del miércoles 7 de octubre tras permanecer 57 días hospitalizada en la Clínica Valle de Lili, en Cali, y ser sometida a 21 cirugías que incluyeron la amputación de ambas piernas. Su historia, que conmovió al país, comenzó el 10 de agosto cuando un sismo de magnitud 7,4 derrumbó el edificio Ariguaní donde vivía con su hija Sofía y su abuela. Estefany protegió a la niña cubriéndola con su cuerpo y cantándole bajo los escombros, mientras una columna le atravesaba las piernas tras caer desde un tercer piso.
El reencuentro entre madre e hija se convirtió en un momento viral tras ser difundido por la cuenta @noticieronoti5. «¡Mamá! ¡Mamá, te amo!», exclamó Sofía al ver a su madre, quien le respondió conmovida: «Yo también te amo, amor mío». Las imágenes muestran a la psicóloga en silla de ruedas, recibiendo el abrazo de su hija mientras el personal de la clínica las rodeaba con bombas, regalos y un letrero que decía «Lo lograste». En el exterior del centro médico, un grupo de personas la esperó con aplausos, globos de colores y carteles de apoyo.
Una lucha entre la vida y los escombros
Estefany recordó en entrevista con Noticias Caracol el momento exacto del colapso: «Cuando sentí fue que se desprendió y el rugido de la tierra es algo impresionante. Es algo que no se olvida nunca». Bajo los escombros, mientras su abuela también quedaba atrapada, la psicóloga elevó una oración que luego repitió durante su recuperación: «Te doy mis piernas a cambio de mi hija». Esa promesa, hecha en medio del horror, se cumplió: Sofía salió ilesa, pero Estefany perdió ambas extremidades inferiores —amputación de la pierna izquierda y desarticulación de la derecha— debido a las graves lesiones y a una infección por hongo que complicó el cuadro clínico y requirió nuevas intervenciones quirúrgicas.
«Te doy mis piernas a cambio de mi hija»
Estefany Echavarría, psicóloga sobreviviente
Tras el alta, el principal objetivo de Estefany es acceder a prótesis que le permitan recuperar su autonomía y retomar las actividades cotidianas con su hija, como llevarla al jardín infantil. Su historia de resistencia, que combinó el instinto maternal con una voluntad inquebrantable, se ha convertido en un símbolo de superación en medio de la tragedia que dejó el terremoto del 10 de agosto en Cali. La sonrisa de Sofía al reencontrarse con su madre es, hasta ahora, la mejor muestra de que el amor puede más que cualquier escombro.










