En el centro de Charlotte, Carolina del Norte, la panadería Manolo’s Bakery anunció un cierre temporal para evitar que latinos sean capturados arbitrariamente durante las redadas migratorias. El propietario, Manolo Betancur, un colombiano que llegó a Estados Unidos en los años 90 con apenas 900 dólares, es hoy ciudadano estadounidense y miembro del Partido Demócrata; la decisión busca retirar la entrada y el flujo de personas de un establecimiento que, según se ha señalado, se ha convertido en un punto de concentración de la comunidad latina y, para algunos, en un símbolo de la presencia inmigrante en la ciudad.
Betancur ha hecho de su negocio una historia de resiliencia y de lucha por derechos, reconocimiento que le llegó hace dos años cuando fue distinguido como “héroe del pan” en Charlotte. Su trayectoria incluye viajes a Ucrania en tres ocasiones para reconstruir panaderías devastadas por bombardeos y, además, esfuerzos para visitar centros de detención en la frontera para comprender de cerca la realidad de las políticas migratorias. A la vez, ha recibido mensajes en redes sociales pidiendo que no cierre, lo que subraya la complejidad de la relación entre la comunidad inmigrante y las autoridades migratorias en la ciudad.
El cierre como protesta ante las redadas migratorias
La noticia llega en un contexto de antecedentes que explican la influencia de Betancur en la comunidad. Su historia —llegada a Estados Unidos en la década de 1990, posterior naturalización y participación en la vida cívica local— refuerza la visión de su panadería como un centro de esperanza para la comunidad inmigrante y, al mismo tiempo, como un espacio de conflicto social ante las redadas. La medida de cerrar temporalmente las puertas de la panadería busca evitar que el establecimiento funcione como un punto de concentración durante las operaciones de las autoridades migratorias, una decisión que, si bien busca proteger a clientes y trabajadores, podría afectar a una clientela latina que ha encontrado allí un refugio y una red de apoyo. Betancur ha insistido en que su acción no es un acto de confrontación aislada, sino una protesta contra un sistema que percibe como represivo, con el objetivo de no convertirse en cómplice de prácticas que podrían separar a familias.
«La panadería es un centro de esperanza para la comunidad inmigrante, pero también nos hemos convertido en un punto de rebelión para los que no gustan de los inmigrantes, para los racistas» – Manolo Betancur, propietario de Manolo’s Bakery
«Primero me van a tirar al piso, me van a lastimar. Y después iba a tener yo la oportunidad de decir que yo soy ciudadano americano. No es correcto cómo se están haciendo las cosas» – Manolo Betancur, propietario de Manolo’s Bakery
«No quiero ser yo cómplice, partícipe de la separación de padres y madres de sus hijos por parte de este sistema. No quiero arriesgar a mis clientes» – Manolo Betancur, propietario de Manolo’s Bakery
«No persiguen a criminales. Persiguen a panaderos como yo» – Manolo Betancur, propietario de Manolo’s Bakery
Entre sus antecedentes, Betancur es un inmigrante colombiano que llegó a Estados Unidos en los años 90 y que, tras obtener la ciudadanía, ha hecho de su emprendimiento una referencia de la lucha por derechos migratorios en Charlotte. Su cierre temporal se enmarca en una protesta pública contra las redadas y podría tener efectos sobre la continuidad de la clientela latina y la visibilidad de la tensión entre comunidades inmigrantes y las políticas migratorias. Incluso antes del anuncio, Betancur recibió mensajes en redes sociales pidiéndole que reconsiderara la medida, lo que evidencia la polarización que rodea este tema en la ciudad.
Además de su vida como emprendedor, Betancur figura como miembro activo del Partido Demócrata e ha llevado su perspectiva a escenarios más amplios, como su visita a la frontera para observar centros de detención y su labor para reconstruir panaderías en zonas afectadas por conflictos. Su historia personal, que él describe como un testimonio del sueño americano, se entrelaza con una narrativa pública que abarca también su trayectoria de emprendedor que llegó a Estados Unidos con 900 dólares y que, hace dos años, recibió el reconocimiento de “héroe del pan” en Charlotte. Este cierre temporal, por tanto, no es una simple pausa operativa, sino una acción que sitúa a Manolo’s Bakery en el centro de un debate sobre seguridad, derechos y la vida cotidiana de las comunidades inmigrantes en la ciudad.

















