En medio del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Cali el pasado 10 de agosto, la anestesióloga Claudia Komaromy y dos residentes de neuroanestesia del Hospital Universitario del Valle (HUV) tomaron una decisión que desafía cualquier protocolo de evacuación: permanecieron junto a una paciente que estaba bajo sedación profunda, protegiéndola con sus propios cuerpos mientras el edificio se derrumbaba parcialmente. En lugar de correr hacia las salidas, los tres profesionales se convirtieron en un escudo humano para la mujer, que era preparada para una neurocirugía y no podía valerse por sí misma.
El sismo, que dejó cinco víctimas mortales dentro del hospital y redujo en cerca del 40% la capacidad operativa del centro, derribó parte del bloque dos, donde funcionaban UCI, pediatría, neonatología, cardiología y medicina interna. Sin embargo, en el quirófano donde Komaromy y los residentes trabajaban, la reacción fue instintiva: detuvieron el procedimiento, cubrieron a la paciente y esperaron a que el temblor cesara para evacuarla a una zona segura. La mujer, que recobró la conciencia durante el movimiento telúrico, fue tranquilizada verbalmente por el equipo antes de ser trasladada en una camilla con ayuda de otros trabajadores.
El código ético del anestesiólogo
Para Komaromy, su actuación no fue producto del heroísmo sino del cumplimiento de un deber ético. «Lo que está escrito es claro: si el paciente está indefenso, el anestesiólogo es el guardián de su vida. Debemos protegerlo, incluso si eso significa poner en riesgo nuestra propia integridad», explicó la especialista en declaraciones recogidas por El Tiempo. La médica recordó que las guías internacionales, basadas en experiencias de países como Chile o Japón, aconsejan detener la cirugía, cubrir al paciente y evacuarlo en cuanto sea viable. «Nadie está obligado a lo imposible. Pero sí hemos aprendido», agregó.
«Esto no es heroísmo, somos personas que hacen lo que hay que hacer. Que toda la ciudadanía sepa que en manos de los anestesiólogos están seguros. Ningún paciente fue abandonado, porque eso es lo que dicta el profesionalismo».
Claudia Komaromy, anestesióloga del Hospital Universitario del Valle
El impacto del terremoto en el HUV fue devastador: apenas entre el 50% y el 60% de los quirófanos quedaron operativos, y las cirugías urgentes y oncológicas tuvieron que ser reprogramadas o trasladadas a otras instituciones. La rápida evacuación del resto de pacientes fue posible gracias al personal del hospital, que actuó con coordinación. Komaromy, que vivió un terremoto en Tumaco durante su infancia, confesó que esa experiencia le enseñó a mantener la calma y proteger a otros. «Esto no es heroísmo, somos personas que hacen lo que hay que hacer», sentenció.










