David Caicedo, militar activo del Ejército Nacional y siete años menor que su expareja, sometió a Diana, una psicóloga clínica de 41 años, activista de derechos humanos y exfuncionaria del Ejército, a una brutal agresión física y psicológica que duró más de tres horas en el apartamento de la familia del agresor. El ataque ocurrió un viernes tras la ruptura de la pareja en marzo de 2019, motivado por venganza, ya que Caicedo repetía que «a él nadie lo dejaba». Diana fue sorprendida mientras recuperaba documentos personales, recibiendo golpes con botas militares, fue arrastrada del cabello, apuñalada con un destornillador en piernas y brazos, le arrancaron las uñas con un alicate y le rompieron la mandíbula en dos partes, lo que le causó la pérdida de dientes, además de amenazas de arrojarla por la ventana.
La intervención policial se dio después de que Diana, exhausta y al borde de la muerte, arrojara un zapato por la ventana para pedir ayuda. Caicedo fue capturado en flagrancia e imputado por tentativa de feminicidio agravado, pero meses después fue liberado, destituido temporalmente del Ejército y luego reincorporado, con posibilidad de ascenso, sin que las Fuerzas Militares se pronunciaran ni ofrecieran acompañamiento a la víctima. El proceso judicial ha sido lento, con dilaciones y cambios en la calificación del delito, y la audiencia oral está pendiente para 2025. Esta es la primera declaración pública de Diana, hecha en el podcast Vamos Pa Eso.
Orígenes de la relación y detalles del horror
Diana conoció a David Caicedo como paciente en el Ejército, donde acudió por síntomas conductuales, y pese a su rechazo inicial, la relación derivó de un acercamiento familiar. Durante la agresión, el militar le dijo: «Usted no quiso tener nada conmigo… se la voy a dejar así para que no consiga a nadie». Diana relató que ya no tenía fuerzas y sentía que se iba, pensando que si no hacía algo, nadie la encontraría.
«Me golpeó con botas militares, me arrastró del cabello, me pateó y utilizó un destornillador para herirme en piernas y brazos. Me arrancó las uñas con un alicate y me rompió la mandíbula en dos partes».
Diana, psicóloga clínica
Secuelas profundas y falta de apoyo institucional
Las secuelas en Diana son devastadoras: cicatrices en abdomen, columna y rostro, pérdida de sensibilidad, dentadura destruida y graves afectaciones psicológicas que impactan su sueño y relación con su hijo. Ha enfrentado amenazas posteriores de la familia del agresor, presiones para modificar su testimonio, y ni siquiera fue notificada de la liberación de Caicedo por la Fiscalía, sin acompañamiento alguno de las Fuerzas Militares.
«La salud mental requiere una reestructuración profunda, más allá de simples indemnizaciones».
Diana, psicóloga clínica
Además, Caicedo mostraba un control obsesivo, exigiendo saber con quién hablaba Diana durante sus consultas, pidiendo que las grabara y no aceptando un no como respuesta, asegurando que «ninguna mujer lo había rechazado antes y que yo no sería la primera». Este caso expone fallas en el manejo institucional de violencia de género al interior y en relación con las Fuerzas Militares.











