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Millos: Los gritos de Contreras

Por: ESTEBAN JARAMILLO OSORIO

No es el dinero que llega. Es la recuperación de la actitud. Es la concentración. El sacrificio. La tarea cumplida con respeto y fidelidad al plan del entrenador. Con golazos y amplitud de la pizarra.

Un triunfo sin discusión.

Así ganó Millonarios a Nacional, en su casa, para dejarlo maltrecho y en crisis. A su manera, cediendo el balón, pero no la concentración, con futbolistas cuestionados que saltaron de la ineficacia al brillo como Novoa, Ureña y Mosquera.

Millonarios, atacó poco, pero bien.

Cerrado en su defensa, en un ejercicio vigoroso que solo admitió una desconcentración, la del gol en contra, que dejó mal parados a Llinas y Arias.

Con bloques cortos, escasa distancia entre los defensores, sin concesión de espacios, hasta reducir el asedio de Nacional, a una mínima expresión.

Así resolvió el duelo. Con profundidad en su defensa y puntiagudos contragolpes, que desnudaron las debilidades en la recuperación de su rival, club con nómina, sin equipo y sin estrategia adecuada del entrenador.

Fuerte el verde en la posesión. Un espejismo. No pudo ejecutar cuando creó.

Los goles de Rodrigo Contreras, soberbios, geniales. Especialmente el primero, humillante para cualquier portero, de media cancha, soñado por los goleadores, que salió de la nada, de un saque de banda en contra, un roce de cabeza con Tesillo que se extralimitó al fingir.

El segundo, la muestra clara del aguante conque millonarios encaró el partido. Duelo musculoso en velocidad, sin perder el control para definir con calidad. Sumo a su concierto, el penalti a su favor que bien concreto Castro. Otro luchador.

Pocos, pero efectivos y quizás deslumbrantes los toques de balón de “Maca”, pese a la preferencia de su equipo al futbol directo. Dinámico ejercicio de Marca de Mateo García, Sebastián Valencia y Rodrigo Ureña, que tocaron el agotamiento.

Júbilo en Millonarios que ganó sin trampas, sin discusión, sin lanzarse al piso, sin quemar tiempo. Fue un partido limpio. Con futbolistas entregados, iluminados por la llama sagrada del sacrificio.

Con un árbitro, el brasileño Sampaio, autoritario, que marcó territorio muy temprano, para evitar los manoseos constantes de los futbolistas. Con el pito anduvo bien.
Esteban J.

Columna de opinión

Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son de exclusiva responsabilidad de su respectivo autor y no representan la opinión editorial de La Veintitrés.

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