En un nuevo capítulo de las tensas relaciones bilaterales entre Colombia y Nicaragua, el gobierno de Daniel Ortega revocó el viernes 24 de julio de 2026 el nombramiento de Harold de Jesús Delgado como embajador en Colombia. La decisión, oficializada mediante un acuerdo presidencial publicado en el Diario Oficial La Gaceta, se produce como respuesta directa al anuncio del canciller designado del gobierno electo de Abelardo de la Espriella, Omar Bula Escobar, quien confirmó que la nueva administración colombiana no mantendrá una sede diplomática en Managua.
Delgado, quien había sido nombrado como jefe de la misión diplomática nicaragüense en Colombia el 19 de febrero de 2024, ve así truncado un encargo que ya se desenvolvía en un clima de creciente hostilidad. La ruptura se consolida en medio de una histórica disputa legal entre ambas naciones ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por la plataforma continental en el mar Caribe, un conflicto que ha exacerbado las diferencias políticas y ha marcado la agenda diplomática en los últimos años.
La crisis diplomática actual se gestó desde antes de la llegada de Espriella al poder. La relación entre los gobiernos de Gustavo Petro y Daniel Ortega ya había llegado a un punto crítico en septiembre de 2024. En esa ocasión, el presidente colombiano expresó su solidaridad con la escritora nicaragüense Gioconda Belli y comparó a Ortega con el dictador chileno Augusto Pinochet. La respuesta desde Managua no se hizo esperar: Ortega calificó a Petro de “basura”, “traidor”, “agente del imperio yanqui” y sostuvo que dirige un “Estado cómplice del narcotráfico”. Este intercambio de insultos sentó las bases para el quiebre que se oficializa hoy.
Una política exterior de puertas cerradas
El gobierno de Abelardo de la Espriella, que asumirá el poder el próximo 7 de agosto de 2026, ha anticipado un rediseño profundo de la política exterior colombiana. Parte de esa nueva estrategia incluye el cierre de embajadas en países considerados dictaduras, como Cuba y Nicaragua. El canciller designado, Omar Bula Escobar, fue contundente al explicar la postura de la futura administración. «Nosotros no queremos apoyar dictaduras. Eso que quede muy claro», afirmó en declaraciones que marcan un giro respecto a la política del gobierno saliente. Enfatizó su postura al señalar que, desde su perspectiva, una embajada en una dictadura termina por legitimarla, una convicción que mantiene desde su paso por Naciones Unidas.
«Para mí, una embajada en una dictadura, y he sido muy crítico desde que estaba en las Naciones Unidas, legitima la dictadura»
Omar Bula Escobar, Canciller designado de Colombia
Pese al quiebre con Nicaragua, el panorama no es de un aislamiento total en la región. Bula Escobar ha tendido puentes hacia la vecina Venezuela, un país con el que las relaciones se han mantenido complejas. El canciller designado describió el vínculo bilateral como una «oportunidad única» para dos naciones ricas en recursos naturales y talento humano. Señaló que se buscará una relación “constructiva” que permita atender problemas fronterizos y combatir el crimen organizado, aunque pidió moderar las expectativas sobre cambios drásticos en el gobierno de Nicolás Maduro, advirtiendo que las raíces del socialismo del siglo XXI en Venezuela son profundas.
Este nuevo episodio de tensión diplomática se suma a un historial de roces que ya en agosto de 2023 llevaron a Nicaragua a rechazar como “intervencionista” la posición de Colombia sobre el cierre de la Universidad Centroamericana (UCA) en Managua. Con la revocación del embajador Delgado y la promesa de no tener embajada colombiana en suelo nicaragüense, las relaciones entre ambas naciones parecen encaminarse a su punto más bajo en años, mientras el nuevo gobierno colombiano define su lugar en el concierto internacional.












