La polémica se encendió en las redes sociales después de que se conocieran las imágenes de la celebración de Halloween en la sede deportiva de Atlético Nacional en Guarne, Antioquia, donde el extremo Nicolás Rodríguez apareció vestido con un uniforme de camuflado y atuendo de guerrillero. Las fotografías, difundidas inicialmente por las cuentas oficiales del club el sábado 31 de octubre de 2024, provocaron la reacción de la periodista e investigadora Mariana Guerrero y de la historiadora y creadora de contenido Juliana Bernal, quienes publicaron sus críticas en Instagram el 2 de noviembre y asociaron el disfraz con la memoria del conflicto armado colombiano y, en particular, con una fotografía de Jesús Abad Colorado tomada durante la Operación Orión.
Guerrero y Bernal coincidieron en señalar que el atuendo no puede tratarse como un simple juego de temporada en un país marcado por miles de víctimas. La periodista advirtió que etiquetas como «guerrillero» han estigmatizado durante décadas a civiles, campesinos, líderes sociales y jóvenes que habitan en zonas de violencia, mientras que la historiadora reclamó disculpas públicas tanto del futbolista como de la institución antioqueña hacia las víctimas y hacia la ciudad de Medellín. El debate se amplificó porque, según los registros de las propias cuentas del club, las imágenes circularon primero desde canales institucionales y no desde el perfil personal del jugador.
La memoria de la Comuna 13 y el peso de un camuflado
La referencia a la Operación Orión no es casual. Aquel operativo comenzó entre el 16 y el 17 de octubre de 2002 en Medellín, coordinado entre el Gobierno nacional y la Alcaldía de la ciudad, y fue definido por la Jurisdicción Especial para la Paz como una intervención urbana dirigida contra guerrillas, paramilitares y delincuencia común. El despliegue dejó denuncias por capturas arbitrarias, detenciones selectivas, desapariciones y presuntas irregularidades atribuidas a agentes estatales, y organizaciones de víctimas y entidades de memoria han documentado la participación de grupos paramilitares en la zona. La fotografía de Jesús Abad Colorado sobre ese episodio se convirtió en un símbolo del dolor de la Comuna 13 y en el punto de comparación que las críticas pusieron sobre la mesa.
«La guerra en Colombia no es un disfraz y no puede convertirse en algo banal cuando estamos en un país de miles de víctimas»
Mariana Guerrero, periodista e investigadora
Guerrero insistió en que la banalización de la violencia tiene consecuencias concretas en la forma en que la sociedad percibe el conflicto. «La banalización de la violencia nos llevó a verla como algo natural», sostuvo la comunicadora, mientras que Bernal resumió su postura en una frase breve y categórica: «La memoria no es un juego». Ambas coincidieron en que la responsabilidad no recae únicamente en el jugador, sino también en quienes difundieron el material desde los canales oficiales del club.
La versión del jugador
Nicolás Rodríguez, oriundo de San José del Guaviare, salió al paso de las críticas y aseguró que su intención nunca fue ofender a las víctimas. El extremo explicó que el apodo «guerrillero» o «guerrillo» es utilizado por sus compañeros del plantel y que el disfraz surgió en ese contexto de camaradería, sin ninguna connotación política. «Mi disfraz no tiene que ver con ningún tipo de apoyo o burla hacia la gente ni hacia las víctimas de todo este conflicto», afirmó el futbolista, quien además ofreció disculpas a quienes se sintieron afectados. «Quien se sintió ofendido u otro sentimiento por el estilo, pido disculpas. Nunca lo hice de mala manera», agregó.
El episodio deja abierto un debate que excede la anécdota de Halloween y que toca la relación entre el fútbol, la memoria histórica y el uso de símbolos asociados al conflicto armado. Mientras el jugador sostiene que se trató de una celebración sin intención de burla, las voces críticas insisten en que en Colombia el camuflado y la figura del guerrillero no son elementos neutros, sino recordatorios de un pasado que todavía duele en territorios como la Comuna 13 de Medellín y en miles de familias que esperan verdad, reparación y garantías de no repetición.










