Un ataque con dron contra una vivienda campesina en la zona rural de Tibú, Norte de Santander, dejó como saldo la muerte de un niño de 10 años y al menos seis personas heridas, entre ellas un menor de apenas dos años, un adolescente de 17, dos mujeres y un hombre adulto. El artefacto explosivo lanzado desde un dron impactó directamente la vivienda de una familia campesina, en medio de las confrontaciones armadas que persisten en la región del Catatumbo entre disidencias de las Farc y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN).
Las autoridades locales y organismos humanitarios han expresado su profunda preocupación por la vulnerabilidad de la población civil, especialmente de los menores de edad, que quedan atrapados en el fuego cruzado de los grupos armados ilegales que operan en la zona. Mientras los heridos reciben atención médica, los investigadores trabajan en dos frentes: la asistencia a las víctimas y el esclarecimiento de las circunstancias del ataque, sin que hasta el momento se haya precisado desde dónde se ejecutó la acción ni quiénes son los responsables.
Una tragedia que revela el riesgo constante en el Catatumbo
El hecho ocurrió en área rural del municipio de Tibú, una de las regiones más golpeadas por el conflicto armado colombiano. La presencia de disidencias de las antiguas FARC y del ELN ha convertido la vida cotidiana de las comunidades campesinas en una permanente exposición al peligro. Este ataque con dron, una modalidad cada vez más frecuente en el catálogo de violencia de estos grupos, evidencia la falta de protección efectiva para la población civil. La Fiscalía y unidades de inteligencia militar mantienen abierta la investigación para identificar a los perpetradores y determinar las causas precisas del bombardeo con artefacto explosivo no tripulado. La información fue difundida inicialmente por Blu Radio y retomada por Colprensa.
«Las comunidades rurales del Catatumbo enfrentan riesgos permanentes por la presencia de grupos armados. Este ataque demuestra una vez más que la población civil, y especialmente los niños y niñas, son las principales víctimas de un conflicto que no cesa.»
Organismos humanitarios, Colombia
Mientras los heridos se recuperan en centros asistenciales de la región, la comunidad clama por justicia y por medidas que garanticen su seguridad. La muerte del menor de 10 años se suma a una larga lista de víctimas colaterales de las confrontaciones en el Catatumbo, un territorio donde la guerra entre grupos armados parece no tener tregua y donde la vida de los campesinos, que solo buscan trabajar y vivir en paz, sigue siendo la más afectada. Las autoridades han reiterado su compromiso de esclarecer los hechos, pero la población exige acciones concretas que detengan la escalada de violencia que los tiene como blanco constante.












