Aunque se registran avances en la reducción de infecciones y mortalidad, el acceso limitado a diagnóstico y tratamiento mantiene la enfermedad como un reto global.
La Organización Mundial de la Salud alertó que, pese a los progresos en la última década, la hepatitis viral continúa siendo una de las principales amenazas de salud pública en el mundo, con más de 1,3 millones de muertes anuales. El más reciente informe del organismo señala que las hepatitis B y C concentran el 95% de estos fallecimientos.
De acuerdo con el reporte, desde 2015 se han logrado reducciones importantes. Las nuevas infecciones por hepatitis B disminuyeron un 32%, mientras que las muertes relacionadas con hepatitis C bajaron un 12%. Sin embargo, la transmisión sigue activa con cerca de 1,8 millones de nuevos casos cada año, lo que equivale a más de 4.900 contagios diarios.
La hepatitis B y la hepatitis C son infecciones virales que afectan el hígado y pueden derivar en cirrosis o cáncer hepático. La primera se transmite por contacto con fluidos corporales o de madre a hijo, mientras que la segunda se propaga principalmente por exposición a sangre contaminada, especialmente en prácticas inseguras como el uso compartido de agujas.
El informe indica que en 2024 cerca de 287 millones de personas vivían con hepatitis crónica en el mundo. A pesar de esta carga, el acceso al tratamiento sigue siendo limitado: menos del 5% de quienes tienen hepatitis B reciben atención, y solo uno de cada cinco pacientes con hepatitis C ha sido tratado desde la disponibilidad de terapias eficaces.
La distribución de la enfermedad también evidencia brechas. África concentra el 68% de las nuevas infecciones por hepatitis B, pero solo el 17% de los recién nacidos recibe la vacuna al nacer. En el caso de la hepatitis C, el 44% de los nuevos contagios se presenta en personas que se inyectan drogas, lo que refuerza la necesidad de ampliar estrategias de reducción de daños.
Pese a este panorama, la OMS subraya que existen herramientas eficaces para combatir la enfermedad. La vacuna contra la hepatitis B supera el 95% de efectividad y los tratamientos actuales permiten curar más del 95% de los casos de hepatitis C en periodos de entre 8 y 12 semanas.
El director general del organismo, Tedros Adhanom Ghebreyesus, señaló que eliminar la hepatitis como amenaza es posible, pero requiere intensificar la prevención, el diagnóstico oportuno y el acceso equitativo al tratamiento, especialmente en poblaciones vulnerables.
El informe concluye que, aunque hay avances sostenidos desde 2016, el ritmo actual es insuficiente para cumplir la meta de erradicar la hepatitis viral como problema de salud pública en 2030, por lo que urge mayor compromiso político, financiación y fortalecimiento de los sistemas de salud.












