A ocho días de la posesión presidencial, la adecuación de una sede de gobierno en el Batallón Paraíso, al norte de Barranquilla, ha desatado una tormenta política. La oposición cuestiona el diseño, el costo y la premura de la obra, que busca convertirse en el centro de operaciones del presidente electo Abelardo de la Espriella, en el marco de su prometido gobierno itinerante. El proyecto, que avanza al 80% con cuatrocientos trabajadores, pretende replicar el estilo de la Casa Blanca estadounidense, pero en materiales livianos como drywall, lo que ha sido calificado como una “versión de utilería” por sus críticos.
La controversia surge en medio de la promesa de campaña de De la Espriella de encabezar “el gobierno más austero de la historia” y recortar el Estado en un 40%. Para los opositores, la construcción de esta nueva sede es una contradicción flagrante. “Prometieron recortar el Estado un 40%, pero lo primero que hacen es abrir una nueva sede presidencial en Barranquilla con plata de los colombianos. La austeridad quedó solo en el discurso”, afirmó la senadora Esmeralda Hernández. La sede en Barranquilla reemplazará a la tradicional Casa de Nariño como centro de despacho, aunque esta mantendrá funciones protocolares, y la Cancillería será un punto alterno en Bogotá.
Críticas de “frivolidad” y “megalomanía”
Las declaraciones más duras llegaron del exdirector de la Ungrd, Carlos Carrillo, quien señaló que “el afán de romper con las tradiciones democráticas de Abelardo de la Espriella pone en evidencia su muy peligrosa frivolidad. Se manda adecuar un batallón militar para que sea su palacete de utilería, como si no hubiera nada más importante”. Para Carrillo, la decisión es un acto que mezcla “el afán de romper con las tradiciones democráticas” con una peligrosa superficialidad. “Si su intención fuera descentralizar, hablaría de una propuesta seria de federalismo; si le importaran las regiones, despacharía desde Inírida, no desde Barranquilla, la ciudad más puppy de Colombia”, agregó.
La representante a la Cámara por el Pacto Histórico, Mafe Carrascal, fue aún más ácida: “Seremos el hazmerreír del mundo por 4 años. Aquí la versión de la Casa Blanca en drywall para que el megalómano Abelardo teletrabaje desde Barranquilla”, escribió en sus redes sociales. La presidenta de Colombia Humana, Gloria Flórez, se sumó a los cuestionamientos: “Prometieron austeridad y la primera obra del nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella es construir una sede presidencial en drywall. ¿De dónde sale la plata? ¿Cuánto cuesta esto?”.
“Prometieron recortar el Estado un 40%, pero lo primero que hacen es abrir una nueva sede presidencial en Barranquilla con plata de los colombianos. La austeridad quedó solo en el discurso”.
Esmeralda Hernández, senadora
El representante a la Cámara Santiago Osorio puso el foco en los costos: “Este señor viene hablando desde su campaña de un principio para el Estado llamado austeridad… Habla de una posesión que nos va a costar más de catorce mil millones de pesos y para satisfacer sus ínfulas de emperador, tiene a más de cuatrocientos obreros en Barranquilla trabajando día y noche”. La oposición ha solicitado explicaciones oficiales sobre el origen de los recursos para la obra, cuyo costo total no ha sido revelado.
Mientras tanto, la transición avanza a contrarreloj. La posesión presidencial se trasladará a Cali, otro punto de la geografía nacional que De la Espriella busca integrar a su estrategia de descentralización, aunque este movimiento también ha sido criticado por sus costos. La pregunta que queda en el aire, mientras los obreros terminan los detalles de la réplica de la Casa Blanca en el norte de Barranquilla, es si esta sede es el primer paso de un gobierno realmente descentralizado o, como lo plantea la oposición, el inicio de un mandato marcado por la “megalomanía” en medio de un país que exige austeridad.












