El fotógrafo documental colombiano Federico Ríos Escobar, colaborador de The New York Times, reveló en una entrevista para el videopódcast A fondo los detalles de una exhaustiva investigación que expone cómo el oro ilegal extraído en la mina La Mandinga, ubicada cerca de una base militar en el municipio de Caucasia, en el Bajo Cauca antioqueño y bajo el control del Clan del Golfo —autodenominado EGC—, termina convertido en monedas oficiales de Estados Unidos como las American Eagle. Esta pesquisa, realizada en conjunto con la periodista María Jimena Duzán y publicada el 28 de abril de 2026 en la edición impresa del New York Times bajo el título «Cartel gold, sold as ‘American’» o «Colombian gold, sold as ‘American’», rastrea el destino de este metal precioso desde las entrañas de la tierra hasta las refinerías estadounidenses.
La mina La Mandinga opera con mineros informales que extraen oro en una zona reconocida por Corantioquia como carente de autorizaciones para la explotación, donde el Clan del Golfo no solo domina la extracción sino toda la cadena de valor. Ríos Escobar explicó que el proceso inicia con la venta de este oro a empresas exportadoras, algunas de propiedad estatal, que lo funden y mezclan con material legal antes de enviarlo a refinerías como Dillon Gage en Texas y Asahi USA en Salt Lake City, Utah. De allí, los lingotes, valorados en cientos de millones de dólares solo en 2025 —con el oro cotizando a 5.000 dólares la onza—, llegan a proveedores habituales de la U.S. Mint, donde se convierten en monedas indistinguibles de las producidas con oro estadounidense.
El sofisticado mecanismo de blanqueo
La investigación se basó en visitas directas a las minas, revisión de registros de exportación y entrevistas con directivos de las refinerías involucradas, revelando cómo el oro ilícito de Colombia, México, Perú y minas africanas con participación china se integra en un sistema diseñado para borrar su origen criminal. «Había una sospecha clara en las regiones mineras de Antioquia, especialmente Caucasia, sobre cómo el Clan del Golfo no solo controla la extracción, sino que también regula toda la cadena de valor del oro», detalló Ríos Escobar. En el terreno, agregó, «los mineros saben que cada gramo tiene dueño antes de salir de la tierra. El clan cobra cuotas y supervisa cada operación».
«Hablamos con directivos de estas refinerías y admitieron que, una vez mezclado, el oro se considera ‘estadounidense’. Legalmente, todo está en regla, pero el origen real se pierde para siempre».
Federico Ríos Escobar, fotógrafo documental
El director de Dillon Gage confesó a los investigadores que sus clientes son conscientes de las múltiples fuentes del oro, pero la documentación y las prácticas de refinación lo vuelven indistinguible. «El gran hallazgo es cómo el sistema está diseñado para borrar el pasado del oro. Hay una prohibición legal en EE. UU. desde 1985 para fabricar lingotes con oro extranjero, pero la mezcla y las lagunas en la trazabilidad permiten que el oro ilegal se legalice», enfatizó Ríos Escobar, subrayando las admisiones de los ejecutivos.
«El director de Dillon Gage nos dijo que sus clientes saben que el oro tiene múltiples fuentes, pero que la documentación y las prácticas de refinación lo vuelven indistinguible».
Federico Ríos Escobar, fotógrafo documental
Este esquema no solo financia al crimen organizado, sino que genera un impacto devastador en Colombia: destrucción de selvas, contaminación de ríos y perpetuación de la violencia en regiones como Caucasia. La pesquisa conjunta de periodistas y documentalistas, con acceso a documentos, testimonios y entrevistas en ambos países, pone en evidencia las fallas en la trazabilidad internacional del oro y urge acciones para desmantelar esta ruta que transforma el botín del narcotráfico en emblemas de la economía legal estadounidense.












