En un hecho que ha causado asombro y preocupación entre los habitantes de La Calera, Cundinamarca, un oso andino, también conocido como oso de anteojos, fue captado en video mientras ingresaba a la entrada de un condominio y levantaba la talanquera de acceso. La escena, que ocurrió mientras una familia observaba desde su vehículo, fue grabada por un residente y rápidamente se viralizó en redes sociales, con crédito para la página La Lupa Viral en Facebook. Aunque no se ha especificado la fecha exacta del avistamiento, el video se suma a una serie de encuentros recientes entre esta especie y comunidades humanas en la región.
La Calera, un municipio rodeado de bosques altoandinos y páramos, se encuentra en una ubicación estratégica que funciona como corredor biológico para el oso andino, especialmente en la cuenca alta del Río Bogotá, cerca del Parque Nacional Natural Chingaza. La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) ya había confirmado a finales de abril de 2026 la presencia de otro ejemplar juvenil cerca del casco urbano, y en mayo de 2026 se reportó otro avistamiento en la misma zona, además de uno en enero de 2026 en Villapinzón. Estos incidentes reflejan una tendencia creciente que, según las autoridades, responde a la fragmentación del hábitat y al cambio en el uso del suelo por la construcción de viviendas, vías y la expansión agrícola, lo que obliga a los osos a buscar nuevas rutas o alimento.
Un habitante ancestral en tierras invadidas
El oso andino, la única especie de oso en Suramérica, es considerado uno de los mamíferos más amenazados del planeta. En Colombia, se estima una población de hasta 8.000 ejemplares, distribuidos en 22 de los 59 Parques Nacionales Naturales del país, como el Parque Nacional Natural Chingaza en Cundinamarca, Farallones de Cali en el Valle del Cauca, Cueva de los Guácharos en Huila y la Reserva Natural de La Cocha en Nariño, entre otros. Conocido como frontino en Venezuela, wii en la lengua embera y ukumari en quechua, este animal desempeña un papel crucial como dispersor de semillas y regulador ecológico en los ecosistemas que habita.
Las reacciones en redes sociales no se hicieron esperar. Un usuario comentó que “el hambre los hace desplazar”, mientras otro señaló que “así como cuando construyen grandes condominios en su hábitat”. Un vecino, también en redes, afirmó que estos encuentros son “consecuencias de la devastación del hábitat de los animalitos”. Estas voces reflejan la percepción de una comunidad que ve cómo la expansión urbana invade los corredores naturales de una especie que, aunque no representa una amenaza directa si no se siente acorralada, puede alterar su comportamiento ante interacciones inadecuadas, poniendo en riesgo tanto al animal como a los residentes.
“El hambre los hace desplazar”
Usuario de redes sociales
Las autoridades, incluyendo la CAR, han reiterado que el oso andino no es agresivo por naturaleza, pero advierten que la cercanía entre los corredores ecológicos y las urbanizaciones hace inevitable el cruce. La situación en La Calera, donde los bosques altoandinos y páramos se entremezclan con conjuntos residenciales, es un ejemplo claro de cómo la fragmentación del hábitat está forzando a esta especie emblemática a buscar nuevas rutas, a menudo en zonas habitadas. Mientras tanto, los residentes y las autoridades locales enfrentan el desafío de convivir con un vecino ancestral que, cada vez más, se ve obligado a salir de su hogar para sobrevivir.












