El alto comisionado para la Paz, Otty Patiño, defendió en entrevistas recientes con CNN en Español y Caracol Radio la política de paz total del gobierno de Gustavo Petro, negando categóricamente que los diálogos simultáneos con grupos armados impliquen impunidad o limiten la acción de la fuerza pública. Desde Bogotá, Patiño respondió a los cuestionamientos sobre el deterioro del orden público y la expansión del control territorial de organizaciones ilegales durante la actual administración, argumentando que la paz que se busca hoy es radicalmente distinta a la negociada con las Farc en 2016.
Patiño ubicó la política de paz total dentro de una trayectoria histórica que arranca con la Constitución de 1991, la cual consagró la paz como derecho y deber. Recordó que desde entonces se han desmovilizado cerca de 50.000 personas armadas en distintos procesos, y que solo en la negociación con las Farc durante el gobierno de Juan Manuel Santos salieron alrededor de 17.000 integrantes de esa guerrilla. «Pensar en una paz que no es un proceso como lo está siendo desde hace cerca de 36 años, a partir del 91, 35 años, me parece que es la carencia de un sentido histórico de esa paz», afirmó el comisionado.
Una paz territorial, sin acuerdos nacionales únicos
El alto comisionado explicó que el modelo actual no busca un gran acuerdo nacional como el firmado con las Farc, sino intervenir violencias en zonas «secularmente abandonadas» por el Estado, donde los grupos armados «gobiernan o cogobiernan». «Ya no se trata de paz nacional. Por eso empezar a creer que ahí va a haber documentos finales como el que se dio con las Farc, pues es una falta de óptica de los fenómenos que están ocurriendo ahora en el país», sostuvo Patiño. Y agregó: «Esta es una paz distinta a la del 2016 porque es una paz territorial, es una paz que mucha gente no entiende porque no se ha arrimado por allá a los territorios donde la gente está padeciendo el dominio de la ilegalidad».
La paz total incluye diálogos simultáneos con el ELN, el Estado Mayor Central (disidencias de las Farc), otras estructuras disidentes y bandas criminales, aunque varias mesas han sufrido suspensiones y fracturas. Patiño reconoció las dificultades con el ELN: «Por ejemplo la gente que tenía ilusión de que con el ELN se iba a lograr una paz rápida, pues en ese sentido podemos hablar de que el ELN no respondió a esas expectativas y se apartó muy tempranamente de los esfuerzos de paz que hizo este gobierno».
«Las fuerzas militares han estado y la fuerza pública en general no ha tenido en ninguno de estos procesos las manos amarradas para poder hacer ejercer su acción contra estos grupos ilegales»
Otty Patiño, alto comisionado para la Paz
El comisionado fue enfático al rechazar las críticas que señalan una supuesta inacción de la fuerza pública. Afirmó que a la oficina de la Consejería de Paz le conviene una acción activa de los militares y policías contra los ilegales, porque la presión sobre los grupos favorece los acuerdos. «Las fuerzas militares han estado y la fuerza pública en general no ha tenido en ninguno de estos procesos las manos amarradas para poder hacer ejercer su acción contra estos grupos ilegales», subrayó.
En su balance, Patiño vinculó la paz total con avances desde la violencia de los años 50 y cuestionó el periodo del expresidente Iván Duque por su falta de aceptación del diálogo. También se refirió a las declaraciones del presidente electo Abelardo de la Espriella contra Rodrigo Londoño, exjefe de las Farc, señalando que Londoño está blindado por acuerdos monitoreados por las Naciones Unidas, y que trasgredirlos implicaría violar compromisos del Estado colombiano. El comisionado cerró con una advertencia: apartarse de las negociaciones abriría la posibilidad de pasar de la paz total a una «guerra total».












