Pablo Escobar creó red de carteros humanos en Medellín para evadir DEA en los 80

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En los finales de la década de los ochenta e inicios de los noventa, Pablo Escobar, el legendario líder del Cartel de Medellín, implementó un ingenioso sistema de «carteros» de absoluta confianza para entregar cartas entre su familia y miembros clave del cartel, como su hermano Roberto Escobar, conocido como «Osito», y su esposa, evitando así las interceptaciones telefónicas realizadas por aviones de la DEA y las autoridades colombianas que triangulaban las comunicaciones en Medellín. Este método de mensajería humana se activaba mediante un bíper y requería disponibilidad las 24 horas, con las cartas ocultas en canastas de doble fondo similares a las de picnic, pasando de mano en mano sin que ninguna persona las retuviera más de 20 minutos para minimizar riesgos.

El sistema surgió en medio de la intensa persecución que enfrentaba el Cartel de Medellín por parte de las autoridades colombianas y la DEA, cuando los vuelos constantes sobre la ciudad interceptaban llamadas y ubicaban a los prófugos. Las cartas viajaban directamente de un contacto a otro, eliminando cualquier llamada telefónica, y si había un retraso en la entrega, todos se dispersaban de inmediato al saber que algo había salido mal. Este mecanismo, revelado ahora en un testimonio exclusivo a Infobae Colombia y narrado por Juan Pablo Escobar Henao, hijo del capo, en la serie «Dear Killer Nannies: Criado por sicarios», permitió evitar capturas clave al no dejar rastro digital o telefónico.

La tensión de los «carteros» y su selección por lealtad

Los «carteros» eran seleccionados meticulosamente por su lealtad inquebrantable, vínculos familiares cercanos y el conocimiento de que una traición afectaría a sus seres queridos, recibiendo una remuneración generosa pero sacrificando toda vida privada y relaciones personales. Un sobreviviente anónimo del Cartel de Medellín, quien a menudo actuaba como el segundo en la cadena de entrega, describió la operación con detalle: las cartas no podían permanecer más de 20 minutos con una sola persona, y al menos dos o tres mensajeros desaparecieron tras ser interceptados durante las entregas, enfrentando torturas y desapariciones forzadas.

“Sobre Medellín volaban constantemente aviones de la DEA interceptando llamadas e intentando triangular cualquier comunicación para ubicar a los prófugos. Por eso, Pablo Escobar y sus hombres crearon un sistema de correo humano. Seleccionaban personas de confianza para entregar la correspondencia, que viajaba en canastas de doble fondo, similares a las de picnic, donde se escondían las cartas. Una vez escrita, la carta pasaba de mano en mano”.

Sobreviviente anónimo del Cartel de Medellín

“Nadie llamaba a nadie; la comunicación era directa. Yo solía ser el segundo en la cadena. La carta no podía permanecer más de 20 minutos con una sola persona. Si en ese tiempo no se había entregado, todos sabían que algo había salido mal y debían dispersarse. Varias personas del correo desaparecieron tras ser interceptadas durante la entrega”.

Sobreviviente anónimo del Cartel de Medellín

La vida de estos mensajeros estaba marcada por una tensión constante, conscientes de ser objetivos militares, sin espacio para la normalidad y siempre listos para responder al bíper. Pablo Escobar murió el 2 de diciembre de 1993, pero el sistema operó hasta entonces sin que, según el testigo, se interceptara una sola carta que llevara a una captura, y nadie se entregó voluntariamente; en cambio, varios perdieron la vida por su lealtad ciega al cartel.

Lealtad por encima de todo en el corazón del narco

“Era una situación de mucha tensión. Sabíamos que éramos objetivos militares; si alguien era capturado con una carta, enfrentaba torturas y, después, la desaparición. No había vida privada: debíamos estar disponibles las 24 horas para responder al bíper y salir de inmediato. El trabajo era bien remunerado y se confiaba plenamente en quienes lo hacían, pero no había espacio para una vida normal ni para relaciones personales. Vi al menos a dos o tres personas que, después de entregar una carta, fueron interceptadas y nunca más volvieron a aparecer. Vivir con ese miedo era muy difícil”.

Sobreviviente anónimo del Cartel de Medellín

“Solo podían participar personas muy leales, con vínculos cercanos y mucho que perder. La organización elegía a quienes realmente estaban comprometidos y sabían que, si traicionaban, sus familias también podían verse afectadas”.

Sobreviviente anónimo del Cartel de Medellín

Este relato subraya el sentido de pertenencia y compromiso que imperaba en el cartel, donde la lealtad se convertía en la causa principal, normalizando el riesgo extremo. «Que yo sepa, nadie se entregó por esto; más bien, varios perdieron la vida por su lealtad. Nunca se interceptó una carta que permitiera capturar a alguien», afirmó el exintegrante, mientras agregaba: «Cuando uno está tan involucrado en esa vida, lo principal es la lealtad y el sentido de pertenencia. Ya no se piensa tanto en la carta, sino en la causa, en todo lo que se ha vivido y compartido». Así, el sistema de «carteros» no solo fue una táctica de supervivencia, sino un reflejo del control absoluto que ejercía Escobar sobre su entorno en los años más turbulentos del narcotráfico colombiano.

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