Las lágrimas de Eliana de la Cruz y José Rafael Escorcia no fueron de tristeza, sino de memoria y orgullo. Los padres del futbolista José Escorcia, hoy figura de Atlético Nacional y de la selección Colombia Sub-17, relataron a lo largo de una entrevista los sacrificios que su familia debió asumir para que el joven cumpliera su sueño de jugar fútbol profesional. La historia, difundida tras la consagración de su hijo en el Suramericano Sub-17 de 2026, tiene su capítulo más doloroso en la tarde en la que, cuando José tenía apenas 10 años, los tres se despidieron en Cartagena: él se quedaba en Medellín, a 12 horas de distancia, para formarse en la escuela de Atlético Nacional.
Los frutos llegaron antes de lo esperado. El sábado 17 de octubre de 2026, José debutó como profesional con Atlético Nacional en la victoria 4-1 sobre Boyacá Chicó, por la fecha 1 de la Liga BetPlay 2026-II, y en ese partido aportó la asistencia para el tercer gol. Menos de un año antes, el 25 de noviembre de 2025, había firmado su contrato profesional con el club verdolaga. Y en 2026, se coronó campeón del Suramericano Sub-17 con Colombia en Asunción, donde marcó dos goles a Brasil, fue el máximo goleador del torneo y recibió el trofeo de manos del presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, Ramón Jesurún.
El precio de un sueño
La oportunidad llegó cuando José tenía 10 años. Un veedor que lo seguía desde pequeño contactó a la familia. «A Atlético Nacional llegó por medio de un veedor que lo estaba siguiendo y lo contactan con nosotros, la familia. Llegó el dueño del club, que deseaba tenerlo acá en la escuela, nos reunimos con él, con la persona que se encargaba y habló con nosotros, y ahí se dieron las cosas», recordó Eliana.
Esa oportunidad, sin embargo, significaba la separación. José tendría que vivir solo en Medellín, a 12 horas de su familia. La madre recordó con dolor las videollamadas en las que su hijo le daba la espalda a la cámara para que no lo vieran llorar. Fue necesaria la intervención de una psicóloga para ayudar al niño a procesar la ausencia de sus seres queridos. Un año después, ella misma tomó la decisión de mudarse a Medellín para acompañarlo. «Fui a conocer dónde se iba a quedar en Medellín y al despedirnos, me fui llorando con el corazón hecho pedazos de dejar mi hijo ahí sentado, solo», expresó.
«Cuando hablábamos por teléfono, que le hacía videollamada, él no me daba la cara, siempre buscaba no mirarme porque lloraba. Entonces, hicimos una reunión con la psicóloga y él lloró, dijo que le hacían falta su papá, mamá, hermana y familia. Eso fue duro para nosotros, verlo así porque la verdad nunca nos habíamos separado. Fui a conocer dónde se iba a quedar en Medellín y al despedirnos, me fui llorando con el corazón hecho pedazos de dejar mi hijo ahí sentado, solo. Un año después, tuve que irme para Medellín con él para acompañarlo, y eso fue algo que él afrontó, a veces no sabemos cómo ha seguido, de pie y adelante, dándole. Yo creo que lo motivó más para seguir adelante.»
Eliana de la Cruz, madre de José Escorcia
El esfuerzo no fue solo emocional. José Rafael Escorcia narró cómo la familia costeó los implementos deportivos y el traslado de su hijo con rifas, préstamos y ayuda de familiares.
«A nosotros nos tocó hacer muchas cosas. A veces la situación, con el salario mínimo que en este país no alcanza, fue difícil. Nos tocaba hacer rifas, préstamos de alguien, familiares que nos colaboraban con implementos deportivos, guayos, uniformes, todo eso nos tocaba costearlo a nosotros. Y con mi esposa, entre los dos trabajando, le dimos duro hasta que gracias a Dios se le han ido dando las cosas a mi hijo.»
José Rafael Escorcia, padre de José Escorcia
José nació el 4 de julio de 2009 en Cartagena y a los 3 años dio sus primeros pasos en la escuela de formación Unión Real de su ciudad natal. Su padre recordó que comenzó jugando como defensor, después pasó al mediocampo y finalmente encontró su lugar como extremo, por su agilidad, velocidad y entrega. «Comenzó de defensa, después lo pasaron al mediocampo a recuperar, lo subieron un poquito más y ahí sucesivamente hasta que vieron que la posición donde se encuentra actualmente. Fue donde les gustó tenerlo ahí por su agilidad, velocidad y las ganas que metía, y ahí se sostuvo hasta la actualidad», afirmó el orgulloso padre.
Hoy, con José ya consolidado en el primer equipo, su padre ha adoptado con pasión el club que cambió sus vidas. «Siempre he admirado a Nacional, los jugadores que ha tenido, pero no pensé en ningún momento que me iba a meter de fondo así por medio de mi hijo. A Nacional lo veía normal y lo apoyaba en la Libertadores, pero ahora que mi hijo está aquí, ya tenemos cien por ciento de Nacional», confesó.
Para Eliana, la fe en el talento de su hijo nunca falló. «Nunca vi un momento en el que dijera que no lo íbamos a alcanzar, siempre le vi su talento y creí que lo iba a lograr. Nunca nos fijamos la meta de que fuera en algún equipo específico, pero mira, se le dio en el más grande», dijo la madre, cuyo testimonio resume una historia de sacrificio que recién comienza a escribir sus páginas más gloriosas en el fútbol colombiano.
«Nunca vi un momento en el que dijera que no lo íbamos a alcanzar, siempre le vi su talento y creí que lo iba a lograr. Nunca nos fijamos la meta de que fuera en algún equipo específico, pero mira, se le dio en el más grande.»
Eliana de la Cruz, madre de José Escorcia










