En una revelación que ha conmovido a sus seguidores, Paulina Ceballos, esposa del reconocido presentador del programa Día a Día Carlos Calero, anunció que su más reciente examen médico arrojó “cero actividad tumoral” tras un año y once meses de haber sido diagnosticada con cáncer de mama que ya presentaba compromiso en los ganglios linfáticos. La noticia fue compartida por Ceballos durante una entrevista en el pódcast Sinceramente Cris, donde detalló que, si bien el resultado representa un avance significativo, la enfermedad continúa activa y el tratamiento interdisciplinario podría extenderse por un periodo de entre cinco y siete años.
El diagnóstico inicial, recibido hace casi dos años durante un viaje a la ciudad de Milán, marcó el inicio de un riguroso proceso médico que incluye quimioterapias, radiocirugía y controles permanentes. Ceballos recordó el momento exacto en que debió comunicarle la noticia a su esposo, describiendo una escena de profunda angustia contenida. “Carlos me miraba, Carlos era pálido, o sea, nunca se me va a olvidar su cara. Carlos pálido, le temblaban las manos y yo: ‘Tranquilo, mi amor. Hemos enfrentado ya varias cosas, esta no va a ser diferente’”, relató la empresaria, evidenciando la fortaleza que ha caracterizado su proceso.
Lejos de dejarse vencer por la adversidad, Ceballos ha mantenido una actitud de resiliencia y fe que ella misma describe como fundamental para su evolución. “Yo nunca he sentido miedo. Yo siempre he sentido mucha fe”, afirmó categórica, explicando que desde el principio tomó la decisión consciente de no permitir que la tristeza dominara sus días. “Yo pedí y tanto que yo lloré. Yo le dije: ‘Papá Dios, ¿sabes una cosa? Yo no voy a llorar. Yo quiero coger esto con tranquilidad, yo quiero reírme, yo quiero en mis días buenos salir a hacer las cosas que me gustan. Quiero llevar un mensaje de esperanza, de fe, de confianza’”, declaró en la entrevista, subrayando el poder de la mente como aliada en el tratamiento.
Una lucha que no es nueva en la familia
Esta no es la primera vez que Paulina Ceballos enfrenta el cáncer de cerca. Años atrás, su hijo Carlos Alberto, a quien la familia apoda cariñosamente Carlitos, fue diagnosticado con la enfermedad cuando apenas tenía 14 años. Superar aquel difícil episodio le otorgó una perspectiva única y una fortaleza espiritual que hoy aplica a su propio proceso. “Él es mi maestro de vida”, ha dicho Ceballos sobre su hijo, a quien define como un verdadero milagro. La experiencia previa, sumada a un matrimonio de casi tres décadas con Carlos Calero, en el que ambos han decidido “elegirse” cada día como pilar fundamental, ha sido el soporte emocional durante estos meses de tratamientos intensivos.
Pese a los resultados alentadores del último estudio, que confirma un “cero metabolismo de tumores”, el camino no ha estado exento de secuelas. Ceballos ha enfrentado neuropatía en los pies, episodios de mucositis, resequedad extrema, una menopausia inducida por los medicamentos, dolores articulares y molestias en la columna vertebral. Sin embargo, decidió desde el principio mostrarse tal cual es, sin esconder el impacto físico de las quimioterapias. “Yo toda la vida de pelo largo a la cintura y yo perdí todo el pelo”, recordó, al explicar que optó por prescindir de la peluca incluso en eventos públicos, un gesto que se ha convertido en un poderoso mensaje de autenticidad y aceptación.
“Carlos me miraba, Carlos era pálido, o sea, nunca se me va a olvidar su cara. Carlos pálido, le temblaban las manos y yo: ‘Tranquilo, mi amor. Hemos enfrentado ya varias cosas, esta no va a ser diferente’”
Paulina Ceballos, Esposa del presentador Carlos Calero
Consciente de que su historia puede servir de consuelo y guía para otros pacientes, Ceballos ha utilizado su experiencia para crear una comunidad en Instagram donde ofrece apoyo a quienes atraviesan procesos oncológicos. Su estrategia de afrontamiento, basada en la búsqueda de un acompañamiento médico integral que abarque las dimensiones mental, física y espiritual, se ha convertido en el eje de su testimonio. “La mente también es clave”, insiste, mientras continúa su tratamiento con la misma determinación que la ha mantenido firme desde aquel diagnóstico en Milán, mirando hacia un horizonte de cinco a siete años, pero con la certeza de que cada día sin actividad tumoral es una victoria que vale la pena celebrar.












