La transición hacia la menopausia, conocida como perimenopausia, puede traer consigo una serie de síntomas como sofocos, alteraciones del sueño y cambios emocionales que, cuando se vuelven persistentes e interfieren con la vida cotidiana, requieren una valoración profesional individualizada. Así lo explican Mónica Álvarez, docente de Medicina Familiar de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas, y Alejandro Cifuentes Barbosa, docente de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica de Colombia, quienes subrayan la importancia de entender esta etapa como un proceso único para cada mujer.
La perimenopausia, caracterizada por fluctuaciones hormonales especialmente de estrógenos, no se manifiesta de la misma forma en todas las mujeres. Tal como señala Mónica Álvarez, «no todas las mujeres experimentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad», y advierte que condiciones como los trastornos tiroideos, la anemia, la depresión o los problemas del sueño pueden presentar manifestaciones similares, lo que hace esencial un diagnóstico diferencial. Esta etapa, lejos de ser exclusivamente hormonal, se ve influida por el contexto personal, incluyendo cargas de cuidado, exigencias laborales o procesos de envejecimiento, elementos que no deben atribuirse automáticamente a las hormonas.
«Esta etapa representa una oportunidad para prestar mayor atención al bienestar físico y emocional, revisar los hábitos cotidianos y mantener un seguimiento médico de acuerdo con las necesidades individuales»
Mónica Álvarez, docente de Medicina Familiar de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas
Desde la psicología, Alejandro Cifuentes Barbosa enfatiza que los síntomas físicos pueden repercutir directamente en el bienestar emocional: «Los cambios en el sueño, los sofocos, el cansancio o las molestias físicas pueden disminuir los recursos disponibles para afrontar las demandas cotidianas». Aunque la irritabilidad o la sensibilidad emocional puntual son normales, el experto aclara que cuando estos síntomas persisten o afectan la vida diaria, se debe buscar una valoración profesional. Asimismo, propone un abordaje integral de la menopausia, considerando el cuerpo, las emociones, los pensamientos, las relaciones, la historia personal y los proyectos de vida de cada mujer.
«Experimentar irritabilidad o una mayor sensibilidad emocional durante algunos días no significa necesariamente que exista una depresión. Sin embargo, cuando estos síntomas persisten o comienzan a interferir significativamente con la vida cotidiana, es importante buscar una valoración profesional»
Alejandro Cifuentes Barbosa, docente de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica de Colombia
El artículo también ofrece claves para afrontar esta transición de manera saludable, como priorizar el autocuidado, mantener hábitos saludables de sueño, actividad física y alimentación, reservar tiempo para actividades gratificantes y manejar el estrés. Establecer límites, redistribuir responsabilidades y fortalecer las redes de apoyo emocional son pasos recomendados, junto con la búsqueda de ayuda profesional cuando el malestar impacte significativamente. En mujeres sanas de 45 años o más, la perimenopausia suele identificarse mediante historia clínica y cambios menstruales, sin necesidad de mediciones hormonales de rutina, pero la evaluación médica debe incluir un examen completo de síntomas y factores de riesgo.
«Desde la Psicología, la menopausia se comprende como una transición que debe abordarse de manera integral, teniendo en cuenta el cuerpo, las emociones, los pensamientos, las relaciones, la historia personal y los proyectos de vida de cada mujer»
Alejandro Cifuentes Barbosa, docente de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica de Colombia
En definitiva, la perimenopausia y la menopausia no deben vivirse como una enfermedad, sino como una etapa de cambios que, con el acompañamiento adecuado y un enfoque integral, puede ser una oportunidad para revisar hábitos y fortalecer el bienestar general. La clave está en reconocer la singularidad de cada experiencia y no subestimar el impacto del contexto personal, recurriendo a profesionales de la salud cuando sea necesario para garantizar una transición saludable.










