Petro cancela entrega de la Orden de Boyacá a De la Espriella

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La tradicional ceremonia de imposición de la Orden de Boyacá en el grado de Gran Collar, que por décadas ha sellado la transición presidencial en Colombia, no se realizará este año. El presidente saliente, Gustavo Petro, no condecorará al presidente electo, Abelardo de la Espriella, a tres días de la posesión prevista para el 7 de agosto de 2026. La ruptura de este protocolo, que data del Decreto 770 de 1982, obedece al profundo distanciamiento entre ambos mandatarios y al desconocimiento del resultado electoral por parte de Petro, quien ha calificado como ilegítima la elección del 21 de junio de 2025.

De la Espriella y su equipo han señalado que el rechazo de Petro a reconocer su triunfo se basa en presuntas alteraciones en los formularios E-14 y en el censo electoral. Aunque inicialmente se instalaron comisiones de empalme entre las dos administraciones, estas se suspendieron tras las primeras dos reuniones, luego de que De la Espriella se negara a reunirse personalmente con el mandatario saliente. La falta de interlocución ha impedido que se concrete el encuentro protocolario que, según el numeral 8 del artículo 13 del Decreto 770 de 1982, debe realizarse antes de que termine el período presidencial.

Un quiebre sin precedentes en la tradición democrática

La imposición de la Orden de Boyacá al nuevo jefe de Estado por parte de quien entrega el poder ha sido una constante en las últimas transiciones: Iván Duque impuso la condecoración a Gustavo Petro el 5 de agosto de 2022, dos días antes de su juramento, y el mismo ritual se cumplió en los traspasos de mando entre Uribe y Santos, y entre Santos y Duque. En esta ocasión, Petro entregó la cruz de la orden al ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, el pasado 30 de julio, cinco días antes de la fecha en que se esperaba la ceremonia con De la Espriella, lo que evidencia la decisión de no realizarla.

El Decreto 414 de 1974 establece un mecanismo alternativo para evitar un vacío de poder: si la ceremonia no se lleva a cabo, el presidente electo asume como Gran Maestre de las órdenes nacionales en el momento mismo en que jure ante el Congreso. De esta forma, De la Espriella podrá ejercer todas sus funciones desde el 7 de agosto aunque no reciba físicamente las insignias. Sin embargo, el hecho de que el mandatario saliente se niegue a condecorarlo representa un gesto simbólico de ruptura que trasciende lo administrativo y refleja la profunda división política que ha marcado el proceso electoral colombiano.

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