En la madrugada del lunes 1 de diciembre, ciudadanos de Cali celebraron la tradicional alborada con intensas detonaciones de pólvora en lugares emblemáticos como la torre de Cali, el Cristo Rey y los cuatro puntos cardinales de la ciudad, ignorando las restricciones impuestas por la administración local y la presencia del brigadier general Henry Yesid Bello, comandante de la Policía Metropolitana de Cali. De manera similar, en Medellín y su área metropolitana, los habitantes se unieron a la festividad el mismo día, lanzando fuegos artificiales pese a la lluvia intensa que azotó la región, en medio de la temporada festiva que impulsa esta arraigada tradición cultural.
En Cali, donde se decretó la suspensión de permisos para la venta de pólvora, la prohibición de su uso en espacios públicos, restricciones para menores de edad y personas ebrias, así como el veto a productos con fósforo blanco como totes, diablitos, martinicas y triquitraques, el despliegue del “Escuadrón Antipólvora” contó con 170 uniformados dedicados al control y vigilancia, aunque no evitó la congregación de cientos de personas en el Cristo Rey ni la congestión vehicular generada por el evento. Por su parte, en Medellín, la Gobernación de Antioquia y el Área Metropolitana del Valle de Aburrá impulsaron desde el viernes 28 de noviembre la campaña “Soy Antipólvora” en alianza con la Policía Nacional, sin una prohibición formal, pero con esfuerzos preventivos que no lograron detener las celebraciones bajo la lluvia.
Persisten los desafíos ante la tradición festiva
Estas manifestaciones nocturnas reflejan la fuerza de las costumbres decembrinas en ambas ciudades, donde pese a las campañas de prevención y las medidas policiales, la pólvora sigue marcando el inicio de las fiestas, generando preocupación por los riesgos asociados a su manejo inadecuado en condiciones climáticas adversas y espacios concurridos.

















