Polémica en redes por cestos de Villa de Leyva, Boyacá, y Bogotá vendidos en España hasta 200 euros

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La marca española La Ciénaga, dirigida por la antropóloga y gestora cultural Silvana Bonfante y con sede en Madrid, ha desatado una fuerte polémica en redes sociales al revalorizar y comercializar cestos artesanales de zuncho colombianos como piezas de alta gama, con precios que alcanzan hasta los 200 euros o 900.000 pesos colombianos. Estos cestos, tejidos a mano por campesinos del altiplano colombiano a más de 2.600 metros de altitud en lugares como Villa de Leyva, cerca de Bogotá, y en una cooperativa del mercado de Paloquemao, han sido numerados y registrados como obras de arte, lo que ha generado acusaciones de gentrificación, apropiación cultural y extractivismo. La controversia estalló en los últimos días tras un reportaje en El País de España, aunque el proyecto cumple 16 años de existencia.

El proceso de elaboración es enteramente manual, sin el uso de maquinaria, y puede tomar semanas por cada pieza, utilizando fleje de PVC reciclado proveniente de desechos como cajas de frutas y verduras. La Ciénaga colabora con una cooperativa en Bogotá y Artesanías de Colombia para apoyar a artesanos, incluyendo hombres jóvenes de contextos humildes, promoviendo un modelo de negocio que busca romper la estacionalidad de uso de estos objetos con el eslogan “no gender, no season, no age”. La primera colección incluyó 200 ejemplares distribuidos en tres líneas: la clásica, Equinoccio en blanco y negro, y Black con cerámica y oro de 24 quilates. Bonfante ha utilizado estos cestos incluso en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Colombia, destacando su durabilidad al afirmar que “son irrompibles” y que permanecen intactos sin intervenciones en su forma original.

El origen en Villa de Leyva y las declaraciones de Bonfante

Hace 16 años, en el mercado de Villa de Leyva, un municipio colonial y turístico cercano a Bogotá, Silvana Bonfante vio a una campesina sosteniendo un canasto destinado solo a llevar la compra a casa, a pesar de sus colores y diseño. “Me los llevo todos”, recuerda haber dicho, iniciando así un proyecto que la marca describe como promotor de la cestería del altiplano colombiano, cargada de historias de identidad, memoria y sostenibilidad. Bonfante rechaza el término “poner en valor”, insistiendo en que solo muestra el valor inherente: “Me molesta mucho cuando se habla de ‘poner en valor’: yo solo muestro el valor que creo que ya tienen”. Además, define el término “criollo” como una etiqueta para productos de tradición manual y upcycling, apreciados por un público dispuesto a pagar su verdadero valor fuera de su entorno natural.

“Hace 16 años, en el mercado de Villa de Leyva, un municipio colonial y muy turístico cercano a Bogotá, una campesina sostenía un canasto. A pesar de sus colores y su diseño, no era un objeto concebido para atraer miradas, sino para cumplir una función concreta: llevar la compra de vuelta a casa”.

Silvana Bonfante, antropóloga y gestora cultural, directora de La Ciénaga

Críticas por apropiación cultural y dudas sobre beneficios a artesanos

Las redes sociales han sido el epicentro del debate, con críticas que cuestionan si los altos precios benefician realmente a los artesanos y señalan una posible gentrificación de objetos cotidianos campesinos. Mientras La Ciénaga defiende su labor como un apoyo genuino a comunidades vulnerables, las voces opositoras ven en la venta desde España un caso de extractivismo cultural. La polémica, alimentada por el reportaje en El País, pone en el centro la tensión entre la preservación de tradiciones locales y su comercialización global.

Esta controversia resalta los desafíos de la globalización en el arte artesanal colombiano, donde iniciativas como La Ciénaga buscan visibilizar oficios ancestrales pero generan interrogantes éticos. Información basada en reportajes de Infobae, el sitio web de La Ciénaga y menciones al artículo de El País de España.

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