Polémica en Santa Marta: gobernadora niega paro armado y politóloga la contradice con pruebas

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La gobernadora del Magdalena, Margarita Guerra, desató una fuerte controversia al minimizar el presunto paro armado que azota a Santa Marta tras la muerte de alias Cholo, generando una contundente réplica de la politóloga e influencer Karol Solís Menco. En un video difundido a través de redes sociales este 22 de septiembre de 2026, Guerra calificó a los responsables de las intimidaciones como «dos pelagatos que disparan desde una moto» y aseguró que «no hay paro armado», declaraciones que fueron duramente cuestionadas por la también docente universitaria.

El contexto de la polémica se enmarca en un operativo militar desarrollado en la Sierra Nevada de Santa Marta que logró la baja de siete miembros de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, conocidos como Los Pachenca, entre ellos alias Cholo. Como respuesta, el grupo armado declaró un paro armado de 48 horas en la ciudad, lo que ha desencadenado el cierre masivo del comercio y actos violentos que incluyen disparos contra establecimientos y quema de vehículos. Sin embargo, la mandataria departamental insistió en restar importancia a la situación.

La respuesta de Karol Solís Menco

La politóloga Karol Solís Menco, reconocida creadora de contenido y académica, no tardó en responder a través de la misma plataforma, señalando con firmeza que el paro armado es una realidad tangible en Santa Marta. En sus declaraciones, Solís Menco citó reportes concretos de violencia, incluyendo un taxi quemado, disparos contra un supermercado con menores de edad en su interior, y heridos producto de la intimidación armada. «Si usted tiene la cara y la voz para respaldar los discursos de guerra, lo mínimo, gobernadora, es encarar con la verdad lo que está pasando en el territorio, incluidas las retaliaciones de los grupos armados. Pese a lo que diga la gobernadora del Magdalena en Santa Marta, el paro armado sí existe. Y no son dos pelagatos que disparan desde una moto», afirmó Solís Menco.

La docente universitaria fue más allá al calificar la postura de Guerra como una falta de respeto hacia la ciudadanía, especialmente cuando la propia gobernadora se desplaza en un vehículo blindado con escolta, mientras que la población civil enfrenta las consecuencias directas de la violencia. «Negar la realidad para sostener una narrativa de seguridad es una irresponsabilidad y una falta de respeto con la vida de la gente que usted gobierna», expresó Solís Menco en su mensaje, añadiendo que «el que le apuesta a la guerra con firmeza, al menos que no mienta, porque mentirle a los medios mientras una buena parte de la población está atemorizada, más que imposición de narrativa, gobernadora, es indolencia».

«Y si hoy nos cierran el comercio y permitimos que nos cierren comercio porque llegan dos pelagatos en una moto, disparan y mandan a cerrar, sencillamente vamos a replegar por ese paro armado»

Margarita Guerra, gobernadora del Magdalena

En medio de la tensión que se vive en la capital del Magdalena, con reportes de sobrevuelos de aviones K-fir de la Fuerza Aérea Colombiana y el temor generalizado entre los habitantes, Solís Menco compartió el testimonio de un ciudadano que describió la grave situación en barrios aledaños, incluyendo amenazas directas y un supuesto reclutamiento programado por parte de las Acsn para las 6 de la tarde del mismo 22 de septiembre. Este panorama contrasta con la narrativa oficial de la gobernadora, quien insiste en que la situación está controlada y que no existe un paro armado que justifique el pánico colectivo.

La controversia cobra mayor relevancia ante la llegada del presidente Abelardo de la Espriella a Santa Marta en la tarde de este martes, una visita que ocurre en medio de la crisis de seguridad que enfrenta la ciudad y que expone la profunda brecha entre el discurso de las autoridades departamentales y la percepción de riesgo de la ciudadanía. Mientras la gobernadora Guerra minimiza las acciones de los grupos armados, los hechos violentos registrados en las últimas horas, como la quema de vehículos y los disparos contra establecimientos comerciales, demuestran que la amenaza es real y que la población civil sigue siendo la principal víctima de este recrudecimiento de la violencia en el territorio.

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