La banda criminal Gladiadores asesinó por error al empresario arrocero Gustavo Aponte el pasado 11 de febrero de 2026 en Bogotá, en un operativo que dejó al descubierto una macabra cadena de errores, entrenamientos previos y una orden de silencio contra los propios sicarios. Según la investigación de la Fiscalía General de la Nación, los homicidas entrenaron durante seis días en un campo de tiro identificado por las autoridades, donde practicaron con pistolas automáticas y ametralladoras. El verdadero objetivo era un empresario del sector minero de oro que siempre se movilizaba con al menos tres escoltas, pero la célula criminal confundió a Aponte y a su escolta, Luis Gabriel Gutiérrez, quienes murieron en el ataque.
Leonel Enrique Llanos Paternina, de 32 años, fue capturado como conductor de la moto de escape y enfrentó una audiencia el 31 de agosto de 2026, en la que no aceptó los cargos imputados: homicidio agravado y tráfico, porte o tenencia de armas de fuego, accesorios, partes o municiones. El juez le impuso medida de aseguramiento carcelario. La Fiscalía ha logrado reconstruir la ruta logística de la banda a partir de seguimientos de celulares, cámaras de seguridad, mensajes, audios y videos que muestran un circuito de tres inmuebles clave: una vivienda en la calle 100 cerca de la autopista norte, otra en el barrio Altamira de la localidad de San Cristóbal Sur, descrita como una “olla” de armas y drogas, y una tercera en el barrio Verbenal de Usaquén. Estos lugares funcionaban como refugio, almacén de armamento y centro logístico para las operaciones.
Un error mortal que desató una cacería interna
El asesinato de Gustavo Aponte no solo fue un error de identidad, sino que desencadenó una orden de los cabecillas de la banda Gladiadores para eliminar a los sicarios que ejecutaron el ataque, con el objetivo de evitar filtraciones y castigar el fallo. La Fiscalía busca tanto a los autores intelectuales como a los materiales, y ha recolectado pruebas que incluyen fotos de armas, registros de ubicaciones y declaraciones de testigos. Sobre el barrio Altamira, el ente acusador señaló: “Se infiere que dichas personas se conocen y mantienen contacto frecuente, presuntamente en un mismo sector geográfico, al parecer el barrio Altamira de la localidad de San Cristóbal Sur”.
“Se infiere que dichas personas se conocen y mantienen contacto frecuente, presuntamente en un mismo sector geográfico, al parecer el barrio Altamira de la localidad de San Cristóbal Sur”
Fiscalía General de la Nación
La banda Gladiadores, que opera en células con comunicación frecuente y tiene tentáculos en la costa Atlántica, entrenó a sus sicarios ante la dificultad del blanco original. El campo de tiro identificado por la Fiscalía —cuya ubicación exacta no ha sido revelada, pero que se encuentra entre los puntos de encuentro de la organización— sirvió como preparación para un atentado que terminó costando la vida a dos personas inocentes. Mientras tanto, la clínica del Country recibió a las víctimas en urgencias, sin poder hacer nada por salvarles la vida. El caso deja en evidencia la violencia incesante de las bandas criminales y la fragilidad de la justicia frente a una organización que no duda en sacrificar a sus propios hombres para protegerse.










