La imposibilidad legal que impone el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Bogotá se ha convertido en el principal escollo para que Independiente Santa Fe y Millonarios puedan construir un estadio propio dentro de la ciudad, una discusión que volvió a tomar fuerza después del mal estado en que quedó la grama de El Campín tras los conciertos de BTS. Así lo dejaron ver las declaraciones de Eduardo Méndez, presidente de la institución Cardenal, quien explicó en el programa Planeta Fútbol de RCN las barreras jurídicas y financieras que enfrentan los clubes capitalinos para tener un escenario independiente, lo que mantiene al Nemesio Camacho El Campín como la única alternativa viable para el fútbol profesional en la capital.
Méndez reveló que ha explorado terrenos potenciales dentro de Bogotá, como uno ubicado frente a Gran Estación, donde actualmente funciona Vive Claro. «He hablado y he tratado de motivar, por ejemplo, lo que hay ahí al frente de Gran Estación. Hay un terreno muy importante donde está Vive Claro; ahí puede hacer un estadio», afirmó el dirigente. Sin embargo, la ilusión choca de frente con la norma urbana: «Pero mientras el POT no lo permita, es difícil que se haga ahí», agregó, señalando que lo que más perjudica para desarrollar cualquier plan es precisamente la reglamentación vigente, aprobada durante la administración de la exalcaldesa Claudia López.
El POT actual no contempla suelo habilitado para que un privado construya un estadio de gran escala en Bogotá, y cualquier modificación de la norma requiere un debate técnico, la aprobación del Concejo Distrital y procesos de participación ciudadana. El analista Alejandro Pino Calad explicó que esta configuración urbana favorece el modelo de concesión de El Campín, al no existir competencia directa para el escenario administrado por el operador Sencia bajo contrato de Asociación Público-Privada. Las dificultades del terreno, sumadas a los elevados costos que implica levantar un recinto de estas dimensiones, convierten la iniciativa en un proyecto de largo aliento que por ahora no tiene caminos allanados.
Los costos de un proyecto fuera de Bogotá
Las cifras que manejan los clubes evidencian la magnitud del desafío. Millonarios estimó en cerca de 800.000 millones de pesos la construcción de un estadio propio por fuera del perímetro urbano de Bogotá, un monto que incluye desarrollos comerciales asociados. El mantenimiento anual de una infraestructura de ese tipo puede superar los diez millones de dólares, una carga financiera difícil de sostener sin el respaldo de otros negocios complementarios. La experiencia del Deportivo Cali, que levantó su estadio en Palmira, fuera de su ciudad, representó una inversión que a precios actuales supera varios cientos de miles de millones de pesos, y sirve como advertencia para los equipos capitalinos.
«Tal como le pasó al Cali, afuera, fuera de la ciudad, dificulta el traslado de nuestra hinchada»
Eduardo Méndez, presidente de Independiente Santa Fe
Ese factor logístico es una de las razones por las cuales la opción de construir fuera del perímetro urbano no convence del todo a los directivos, que ven en la lejanía un perjuicio claro para los aficionados. A esto se suma que Millonarios recibió propuestas de terceros interesados en financiar un proyecto de estadio, según confirmó el propio Méndez: «Tenemos muchas ofertas de mucha gente». No obstante, el dirigente fue cauto al señalar que no se trata solo de conseguir recursos: «No quiero ilusionar a nadie», dijo, y añadió que la prioridad institucional hoy es otra: «Lo primero que hay es que sanear bien el equipo, terminar de pagar las deudas, y después pensamos en eso».
El Campín, un escenario en entredicho
La urgencia del debate se reactivó después de que los conciertos de BTS dejaran sin grama el estadio El Campín. El plan de recuperación implementado resultó insuficiente y obligó al aplazamiento de jornadas del fútbol profesional colombiano, incluido un partido entre Millonarios y Once Caldas que estaba estipulado para el 13 de octubre de 2026. El Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD) calificó el estado de la cancha como inaceptable y anunció revisiones técnicas al concesionario Sencia, que opera el escenario bajo contrato de APP. Esta situación dejó en evidencia la fragilidad de depender de un único estadio y reforzó el clamor de los clubes por encontrar alternativas, aunque la viabilidad legal siga pesando hoy más que el interés comercial en la ecuación.










