El presidente de la Dimayor, Carlos Mario Zuluaga, anunció este martes una controvertida propuesta para eliminar el ingreso de trapos y banderas a los estadios de fútbol en Colombia, luego de que una pelea entre hinchas del América de Cali e Independiente Santa Fe empañara el espectáculo en el estadio El Campín de Bogotá. La iniciativa, revelada en entrevista con La FM de RCN Radio, busca atacar de raíz los problemas de seguridad que se han generado reiteradamente en los escenarios deportivos del país.
El máximo dirigente del fútbol colombiano fue contundente al explicar que los elementos de animación se han convertido en un vehículo para el ingreso de objetos prohibidos a las tribunas, pese a las requisas que realizan las autoridades. Según Zuluaga, la disputa de un trapo en la tribuna oriental del Campín desató la confrontación entre las barras bravas de los dos equipos, un hecho que evidencia la necesidad de tomar medidas drásticas frente al uso de estos elementos.
Los trapos y banderas, un riesgo imposible de controlar
La propuesta del dirigente se fundamenta en la imposibilidad de realizar un control efectivo sobre la gran cantidad de elementos que ingresan a los estadios antes de cada partido. Los trapos y banderas, que en su mayoría son de gran tamaño y llegan en volúmenes considerables, dificultan la labor de los organismos de seguridad a la hora de detectar armas, drogas o alcohol entre sus pliegues, situación que convierte estos accesorios en un riesgo latente para la integridad de los asistentes.
«Queremos dejar algo muy en claro. Hay que atacar las causas de fondo: no queremos más trapos en los estadios, que además de afear el espectáculo, son las causas de que se ingresen todos los elementos. Es imposible requisar tres o cuatro camiones que ingresan 2 horas antes del inicio del espectáculo»
Carlos Mario Zuluaga, presidente de la Dimayor
Esta no es la primera vez que se plantea una medida de este tipo en el fútbol colombiano, pues en el pasado la iniciativa ya había sido presentada ante las comisiones de seguridad, aunque no prosperó debido a la oposición de representantes de barras y entidades culturales que defienden el valor simbólico de estos emblemas en las tribunas. Sin embargo, los recientes hechos de violencia en El Campín han reabierto el debate y la Dimayor se muestra ahora más decidida que nunca a blindar los estadios contra cualquier elemento que comprometa la seguridad de los aficionados.
La determinación de Zuluaga refleja una postura radical frente a un problema que persiste en el fútbol colombiano desde hace décadas, donde las barras bravas han protagonizado múltiples episodios de violencia que han deparado en sanciones y cierres parciales de escenarios. Con esta propuesta, la Dimayor espera poner fin a una práctica que, según su lectura, no solo atenta contra la estética del espectáculo sino que facilita el accionar de quienes buscan alterar el orden público en los encuentros de la liga profesional.










