Uriel Andrés Barreto Díaz, un hombre de 35 años señalado como el principal responsable de una estafa que superó los 16.000 millones de pesos y afectó a más de 120 personas, se presentó voluntariamente ante la Sijín de la Policía Metropolitana de Bogotá después de haber desaparecido el 19 de enero de 2026 al salir del centro comercial Titán Plaza en la capital del país. Este esquema fraudulento, que operaba bajo la fachada de una supuesta cooperativa de inversión desde 2018, prometía retornos del 6% mensual durante seis meses e incentivaba a intermediarios con el 5% de cada aporte recaudado, pero los pagos se estancaron en enero de 2026, generando denuncias y una ola de presión por parte de los afectados.
Barreto Díaz, quien residía en Mosquera, Cundinamarca, reconoció ante las autoridades su responsabilidad total en el pirámide financiera, negando cualquier involucramiento de su esposa, familiares o socios. La desaparición fue denunciada por su familia, que reportó mensajes en redes sociales donde él indicaba estar en peligro y adjuntaba actas de supervivencia, todo ello en medio de amenazas de víctimas e intermediarios tras el colapso del esquema por falta de nuevos recursos para sostener los pagos. El caso se expandió principalmente en Bogotá y Bucaramanga, pero también alcanzó otras ciudades, gracias a la confianza generada por lazos familiares y amistosos, más allá de simples referidos.
Detalles del esquema y confesión del implicado
El fraude utilizaba contratos y recibos falsos vinculados a la Cooperativa Transportadora Bogotá-Kennedy Taxis Colectivos, cuya liquidación oficial fue registrada por la Cámara de Comercio de Bogotá en 2023, lo que no impidió que Barreto continuara operando con cuentas personales, las de intermediarios, préstamos a trabajadores y comercios no bancarizados, así como plataformas digitales, bitcoin y minería. Inicialmente, los pagos oportunos reforzaron la aparente legitimidad, pero el estancamiento generó temor entre las víctimas, cuya desaparición intensificó las preocupaciones hasta su reaparición y entrega voluntaria, abriendo la puerta a una posible recuperación de fondos por parte de las autoridades.
«Yo empecé a responder los últimos meses hasta con mi patrimonio… lo iba a pagar con mi propia vida»
Uriel Andrés Barreto Díaz
«Desde que supe que esa cooperativa estaba liquidada, yo no he tenido vida. Me tienen amenazado a mí y a toda mi familia. La gente no entiende que yo soy una víctima más»
Un afectado
Durante su presentación, Barreto Díaz insistió en que no destinó los recursos a negocios ilícitos ni se enriqueció personalmente, afirmando que no tenía plata en el banco y que no vivía de forma ostentosa, lo que contrasta con la magnitud de las pérdidas reportadas por los más de 120 damnificados que confiaron en sus promesas de inversión segura.











