Una red de reclutamiento ilegal está engañando a ciudadanos colombianos, incluso sin experiencia militar, para enviarlos a combatir en las filas del ejército ruso en la guerra contra Ucrania, donde son utilizados como «carne de cañón» en ataques de desgaste humano, con probabilidades de supervivencia prácticamente nulas. Una investigación de la organización Truth Hounds, respaldada por la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), revela que desde marzo de 2026 decenas de colombianos han sido captados en Bogotá con promesas de un bono de 35.000 dólares, unos 110 millones de pesos, un salario mensual de 3.500 dólares y la ciudadanía rusa tras seis meses de servicio. Sin embargo, al llegar a Rusia, son enviados al frente de batalla en menos de dos semanas, sin entrenamiento y con órdenes de identificar posiciones ucranianas en una misión de la que, según los expertos, no regresarán.
El testimonio de Jamilton León, un colombiano que logró escapar del infierno en el frente ucraniano, ilustra con crudeza la realidad de estos reclutas. En un video desgarrador, grabado en medio del caos, León declaró: «Esto es una mierda total, muertos y muertos por lado y lado. Aquí voy, solo, solo físicamente porque me respalda mi señor Jesucristo». Su hermana, Sonia León, confirmó a los investigadores que su hermano recorrió 43 kilómetros para evacuar la zona de combate, tras más de doce días sin comer, y que en un mensaje de auxilio le suplicó: «Ayúdeme porque los rusos me van a matar». La familia León, al igual que otras como los hermanos Julio y Orozco, denuncian que el engaño comenzó en un apartamento de cinco pisos en el barrio Fontibón de Bogotá, donde aproximadamente 60 personas eran retenidas sin poder hacer ruido antes de ser enviadas al exterior.
El engranaje del reclutamiento: desde Bogotá al frente de guerra
Los reclutadores identificados, Joiner Quintero y Miguel Peña, operaban a través de empresas como Jaguar Consultoría, luego rebautizada como Compañía Los Osos, y Global Qowa Al Basheria S.A.S., esta última vinculada a los coroneles retirados Omar Fernando García Batte y José Óscar García Batte. Las víctimas firmaban contratos con sellos del Ministerio de Defensa ruso, donde se les asignaban cargos como «tirador», a pesar de que muchos, como Jairo Orozco, eran cocineros o tenían oficios completamente ajenos a la guerra. «Recibo una llamada de mi hermano, me dice: ‘Mira, conseguí un contacto para prestar el servicio y me dicen que no vas a hacer nada, relajado, como tú eres cocinero, allá te van a poner a cocinar'», relató Orozco, quien fue engañado junto a su hermano Óscar. Las rutas de salida incluían escalas en Brasil, Dubái o India, y los reclutas eran ocultados en inmuebles antes de viajar.
Ilya Nuzov, director de la FIDH para Europa del Este y Asia Central, explicó la estrategia rusa: «Básicamente, el recluta será enviado en una sola dirección para identificar las posiciones ucranianas, pero no va a regresar porque las probabilidades de que sobreviva son prácticamente nulas». La necesidad de reemplazar entre 30.000 y 40.000 efectivos rusos entre muertos y heridos ha llevado a Moscú a buscar mercenarios en el extranjero, y Colombia se ha convertido en un blanco privilegiado. Denys Sultanhaliiev, investigador de Truth Hounds, señaló que «la abundancia de personas con experiencia militar o paramilitar, razones económicas y la falta de una resistencia activa del gobierno colombiano» son factores que explican este fenómeno.
Rendiciones y reencuentros en medio de la guerra
Ante la certeza de la muerte, algunos colombianos han optado por rendirse al ejército ucraniano. Un video de dron muestra a cinco colombianos avanzando con banderas blancas improvisadas para entregarse. Kevin Caicedo, de 24 años, relató cómo logró sobrevivir: «Tomamos los papeles, los contratos, escribiendo Colombia en forma de una bandera. Nos entregamos con los fusiles». Su testimonio se suma al de los hermanos Leonel y Diego Julio, quienes fueron capturados por fuerzas ucranianas y se reencontraron el 21 de julio en un centro de detención para prisioneros de guerra en Ucrania. Leonel se entregó voluntariamente al saber que su hermano Diego estaba vivo y capturado.
La Embajada de Rusia en Colombia ha negado cualquier vínculo con las redes de reclutamiento señaladas, pero las pruebas documentales y los testimonios de los sobrevivientes apuntan a una estructura organizada que opera con total impunidad. Mientras tanto, decenas de familias colombianas continúan buscando a sus seres queridos, atrapados en una guerra que no les pertenece, y el gobierno colombiano enfrenta crecientes presiones para actuar frente a esta crisis humanitaria que ya deja decenas de víctimas mortales.












