Miguel Amaya, investigador y periodista de misterio integrante de Xpediente Paranormal y la Paranormal Research Academy, ha alertado sobre persistentes rumores de tráfico ilegal de restos humanos en Armero, Tolima, surgidos durante su investigación principal sobre fenómenos energéticos en la zona. Estos relatos, recopilados a través de testimonios anónimos de personas del área de la salud y menciones del capitán William Álvarez de los bomberos, apuntan a movimientos irregulares de cadáveres, profanación de tumbas en cementerios antiguos y posible tráfico para fines académicos, culturales o rituales ilícitos, aunque Amaya enfatiza que no existen pruebas judiciales de una red organizada en Colombia.
Los rumores emergieron de forma inesperada durante la pesquisa en Armero, con relatos transmitidos de voz en voz que describen exhumaciones irregulares y extracciones de restos no reclamados para su uso en anfiteatros universitarios. Testigos anónimos del sector salud han revelado casos en los que profesores solicitaron «cargamentos» de restos a través de conocidos, aprovechando controles laxos en cementerios antiguos y la vulnerabilidad social de las comunidades. Estos episodios se vinculan a antecedentes como el incendio en La Pabonesa, Florencia, Caquetá, en 2025, asociado a rituales; la matanza en Unilibre, Barranquilla; y escándalos internacionales como mercados negros en Perú y México, o el caso de Harvard, donde en Perú las penas por profanación alcanzan hasta ocho años de prisión, mientras en Colombia rigen la Ley 73 de 1988, la Ley 919 de 2004 y el Decreto 2493 de 200.
Testimonios que rompen el silencio
Amaya, quien no buscaba inicialmente estas historias, recogió declaraciones de personas sin relación entre sí que coinciden en detalles inquietantes, como en Hatoviejo, Bolívar, donde un testigo anónimo describió cómo «sacaron varios cuerpos, abrieron los cajones y se los llevaron, solo dejaron los huecos. Eso es para hacer brujería». El investigador destaca las zonas grises entre prácticas académicas legítimas, tradiciones culturales y actividades ilícitas, impulsadas por la demanda de material en universidades y el temor social a denunciar.
«Durante mi investigación principal en Armero, centrada en fenómenos energéticos, comenzaron a surgir relatos sobre movimientos irregulares de restos humanos, aunque no estaban ligados directamente a lo paranormal».
Miguel Amaya, investigador
La noticia cobra relevancia ahora tras la publicación de testimonios por Infobae Colombia, que revelan la persistencia de estos rumores y el silencio oficial, exacerbando el temor en las comunidades afectadas y cuestionando la vulneración de la dignidad humana. Amaya advierte que «afirmar sin investigar es tan dañino como negar sin escuchar», y aclara que «en Colombia el tráfico de órganos o tejidos con fines comerciales no está documentado oficialmente como un mercado organizado, y no hay casos judiciales probados que demuestren la existencia de una mafia que comercialice órganos en el país». En el campo paranormal, añade, «estamos acostumbrados al silencio y al temor; muchas personas creen que hablar puede traer consecuencias, no solo sociales sino personales».
«No fue algo que yo buscara. Cuando diferentes personas, sin relación entre sí, mencionan situaciones similares, uno debe prestar atención».
Miguel Amaya, investigador

















