El presidente electo de Colombia, Abelardo De La Espriella, realizó un retiro espiritual con su gabinete designado en el Colegio Marymount de Sabanilla, Puerto Colombia, Atlántico, apenas cinco días antes de su posesión programada para el 7 de agosto. El evento, que incluyó oraciones, eucaristía y la entrega de biblias personalizadas de color azul adornadas con el mapa nacional, la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y el logo del movimiento político ‘Defensores de la Patria’, ha desatado un intenso debate sobre la relación entre religión y Estado en el país. En la jornada participaron el vicepresidente electo José Manuel Restrepo, la futura primera dama Ana Lucía Pineda, así como varios funcionarios del gabinete entrante, quienes se arrodillaron, rezaron y entonaron cánticos durante la ceremonia.
La controversia surgió luego de que sectores de la oposición señalaran que este tipo de actos, por su carácter público y el uso de símbolos institucionales, podrían vulnerar el principio de laicidad estatal que rige a Colombia. Sin embargo, la vocera oficial del nuevo gobierno, Carolina Gómez, salió al paso de las críticas al afirmar que «las expresiones y actos religiosos privados de los funcionarios no vulneran la laicidad del Estado ni sustituyen las normas institucionales». La defensa más enfática provino del alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, quien a través de su cuenta en la red social X expresó: «Nos quieren hacer creer que ya hasta creer en Dios es pecado. No jodan». En otro mensaje, Gutiérrez agregó: «Ahora el ‘gran problema’ de Colombia para unos muy pocos es que el presidente electo, Abelardo De La Espriella, haya hecho una jornada de TRABAJO con RETIRO ESPIRITUAL, con su equipo que gobernará a partir del próximo viernes 7 de agosto».
Una controversia sobre la laicidad del Estado
El retiro espiritual, que incluyó la entrega de una biblia azul con el mapa nacional y una agenda del mismo diseño, fue calificado por la oposición como una acción que desdibuja la separación entre lo público y lo religioso. Los críticos cuestionaron especialmente la visibilidad pública de estas prácticas y la inclusión del logo político en los objetos entregados, lo que consideran una confusión entre fe y gobierno. Sin embargo, desde el equipo de transición se insiste en que se trató de un espacio de preparación personal y espiritual, sin implicaciones legales ni institucionales. Mientras el país se prepara para el cambio de mando del 7 de agosto, la polémica refleja las tensiones entre quienes ven en estas expresiones una legítima manifestación de fe y quienes advierten sobre posibles riesgos para el carácter laico del Estado colombiano.












