Un video que circula con fuerza en plataformas digitales muestra el momento en que el sacerdote colombiano Óscar Echeverri sobrevive a la caída de una cruz de madera mientras grababa contenido para sus redes sociales. El hecho, ocurrido el 28 de abril de 2026 en un lugar no especificado de Colombia, guarda una inquietante similitud con el accidente que días antes terminó con la vida del sacerdote ecuatoriano Patricio Alfredo Sánchez Molinari, párroco de la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Guayaquil.
En la grabación se observa al padre Echeverri intentando modificar la posición de la cruz cuando el peso de la estructura lo vence y esta cae sobre su cabeza. Aunque el golpe no fue directo, la imagen es impactante: el religioso se levanta de inmediato, constata que se encuentra ileso y recoloca la cruz sin mayor contratiempo. Posteriormente, en una publicación en sus redes sociales, Echeverri escribió una reflexión que cobró especial resonancia tras lo ocurrido en Ecuador: «La fecha, la causa y el lugar que nos corresponden morir, eso son y no otros».
La tragedia en Guayaquil
El accidente que enlutó a la comunidad católica ecuatoriana ocurrió el sábado 17 de octubre de 2026 durante una misa transmitida en vivo desde la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, ubicada en las calles Calicuchima y José Mascote, en Guayaquil. La cruz de madera que se encontraba detrás del altar se desprendió de la pared y cayó directamente sobre el sacerdote Patricio Sánchez Molinari, quien oficiaba la ceremonia. El accidente tuvo lugar aproximadamente dos minutos después de que el religioso terminara su homilía, cuando daba paso a las súplicas de la asamblea. La escena, captada por las cámaras de la transmisión, muestra la desesperación de los asistentes, quienes corrieron a socorrerlo mientras se escuchaban gritos como: «¡Llamen a una ambulancia! ¡Padre, padre!».
El desprendimiento de la cruz ocurrió apenas momentos después de que el padre Sánchez Molinari ofreciera en su homilía unas palabras que hoy resultan estremecedoras: «Queridos hermanos y hermanas, todos los que estamos aquí también vamos a morir». En esa misma reflexión, el sacerdote pidió a los fieles no dejar que lo material desplace el tiempo dedicado a la fe y a la familia. Pese al auxilio inmediato de los presentes y al posterior traslado, el sacerdote falleció. La Arquidiócesis de Guayaquil confirmó el deceso en un comunicado en el que expresó que el padre «ha partido a la Casa del Padre para gozar de su presencia y su gloria». Las autoridades eclesiásticas no han informado las causas exactas del desprendimiento de la estructura.
«Queridos hermanos y hermanas, todos los que estamos aquí también vamos a morir»
Patricio Alfredo Sánchez Molinari, sacerdote ecuatoriano, durante la homilía previa al accidente
Dos historias unidas por la fe y el azar
El video del padre Echeverri se viralizó en las horas posteriores a la tragedia ecuatoriana, no solo por la coincidencia de los hechos, sino porque el sacerdote colombiano, conocido por publicar reflexiones espirituales en sus redes sociales, logró sobrevivir a un accidente casi idéntico al que le costó la vida a su colega en Guayaquil. La comunidad católica de ambos países ha visto en estos episodios un recordatorio sobre la fragilidad de la vida y la fortaleza de la fe.
El padre Patricio Alfredo Sánchez Molinari pertenecía a la Congregación del Santísimo Redentor, conocida como los redentoristas, orden fundada por san Alfonso María de Ligorio en 1732. La iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, donde oficiaba, hace parte de la Vicaría Centro de la Arquidiócesis de Guayaquil. Al día siguiente del accidente, el cardenal Luis Cabrera, arzobispo de la ciudad, presidió una misa en memoria del sacerdote fallecido.
Mientras tanto, en la iglesia de Guayaquil, los trabajos para recolocar la imagen de Cristo en la cruz ya han comenzado, en medio del dolor de los fieles que aún no salen del asombro por la repentina partida de su pastor. El eco de sus últimas palabras, pronunciadas apenas segundos antes de la tragedia, resuena como un testamento espiritual para quienes lo escucharon tanto en la iglesia como a través de la transmisión en vivo.










