En una reveladora entrevista concedida a la revista Soho, la senadora María Fernanda Cabal rompió su silencio sobre uno de los episodios más difíciles de su vida personal: la profunda crisis económica que enfrentó junto a su esposo, el presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán), José Félix Lafaurie, durante los primeros nueve años de matrimonio. La historia, que combina romance, ambición y una quiebra que casi lo arrasa todo, ocurrió en la década de 1990, cuando la política de apertura económica del gobierno de César Gaviria eliminó aranceles y permitió la entrada masiva de algodón barato proveniente de la India, devastando al sector algodonero colombiano. Cabal, con 26 años cuando conoció a Lafaurie, confesó sin tapujos que la estabilidad financiera de su entonces novio fue un factor determinante en el inicio de su relación.
“Chequera mata galán”, afirmó la senadora con ironía al explicar el atractivo inicial de Lafaurie, a quien describió como “el viejo feo y millonario, pero que tiene a todas las mujercitas alrededor”. En sus propias palabras, admitió: “La que diga que no, está diciendo mentiras. Me gustaba que tuviera plata, eso me daba seguridad y tranquilidad”. Sin embargo, esa seguridad se desvaneció rápidamente. “Al mes de casados, la estabilidad económica que tanto le gustaba de su marido se esfumó como mota de algodón al viento”, relató Cabal, describiendo el vertiginoso colapso que sufrieron cuando Lafaurie, entonces viceministro de Agricultura y empresario algodonero, fue arrastrado a la quiebra por la competencia desleal de las importaciones.
La crisis no fue un simple revés pasajero, sino un largo calvario de nueve años que marcó a fuego a la pareja. Cabal recordó con crudeza cómo el país pasó de una era dorada del algodón, que generaba más de un millón de empleos, a cifras ínfimas cercanas a la extinción de los cultivos. “La gente pasó del estrato seis al dos, debiendo todo a los bancos, porque se abrió la economía y entró algodón barato de la India. Se reventó todo el mundo y vino ya después el desierto de regiones que se volvieron prácticamente ciudades fantasma”, narró la senadora, pintando un panorama desolador que afectó especialmente a las regiones algodoneras del Caribe y el Valle del Cauca.
“El país pasó de la era dorada algodonera, que generaba más de un millón de empleos, a cifras ínfimas cercanas a la extinción de los cultivos. La gente pasó del estrato seis al dos, debiendo todo a los bancos, porque se abrió la economía y entró algodón barato de la India. Se reventó todo el mundo y vino ya después el desierto de regiones que se volvieron prácticamente ciudades fantasma”.
María Fernanda Cabal, senadora de la República
Para entender la magnitud del personaje que cayó en desgracia, vale la pena recordar la trayectoria de José Félix Lafaurie, quien nació en La Guajira y a los 22 años ya era diputado en el Cesar. Su carrera política incluyó cargos como gerente departamental del Seguro Social en la década de 1980, presidente de la Cámara de Comercio de Valledupar y director de la Corporación Autónoma Regional del Cesar (Corpocesar). Pero ni su experiencia ni su poderío económico inicial pudieron salvar su emporio algodonero ante la tormenta arancelaria de la apertura económica.
A pesar de todo, la senadora Cabal subrayó que esta crisis fue, paradójicamente, el cemento que fortaleció su matrimonio. “Esa fue la temporada en la que me probé como compañera y mujer trabajadora, y también donde se afianzó un matrimonio en el que la convivencia no ha sido fácil”, declaró. Hoy, más de tres décadas después y con cuatro hijos de por medio, la pareja ha logrado rehacerse económicamente, pero el recuerdo de aquellos años de penuria sigue siendo, según Cabal, la prueba más dura que han debido superar juntos.












