Sencia traslada a Tunja la final femenina por concierto de BTS en El Campín, Bogotá

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La concesionaria Sencia, gestora del estadio El Campín de Bogotá, se enfrenta al Independiente Santa Fe por la reprogramación del partido de ida de la final de la Liga Femenina, que debió trasladarse a Tunja debido a la preparación del concierto que la agrupación surcoreana BTS ofrecerá en el escenario deportivo los días 2 y 3 de octubre de 2026. El montaje del evento musical impidió la realización del encuentro en su sede natural, generando un fuerte cruce de acusaciones entre las partes involucradas.

Desde Sencia, concesionaria encargada de la construcción del nuevo estadio El Campín, se afirmó que el club capitalino conocía con antelación la agenda de eventos pactada para el recinto, por lo que consideran que la reprogramación no debió tomar por sorpresa a la institución. Sin embargo, desde las toldas de Santa Fe se acusa a la concesionaria de priorizar los espectáculos musicales por encima del fútbol femenino, dejando en evidencia una preocupante desatención hacia la práctica deportiva de las mujeres en el país.

Un concierto que desata polémica en El Campín

La decisión de trasladar la final de ida a Tunja fue la alternativa que encontraron los organizadores ante la imposibilidad de usar la cancha del estadio bogotano, cuyas adecuaciones para el multitudinario evento de BTS ya habían comenzado. Las obras de montaje de la tarima y demás estructuras técnicas impidieron cualquier posibilidad de albergar el compromiso deportivo en las fechas inicialmente previstas, situación que generó malestar en el plantel, el cuerpo técnico y la hinchada de Santa Fe.

De acuerdo con información del Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD), ya se confirmó que únicamente falta la aprobación de la Secretaría de Tránsito para el cierre de vías y el manejo del tráfico vehicular, lo que daría vía libre al inicio de las obras del nuevo estadio durante septiembre. Este panorama refuerza la postura de Sencia, que insiste en que el club tenía pleno conocimiento de la programación de eventos que se venía gestando para el recinto desde hacía meses.

El fútbol femenino, la gran víctima del conflicto

Más allá del enfrentamiento institucional, la gran perjudicada ha sido la Liga Femenina, que ve cómo una de sus finales más esperadas pierde el escenario natural de juego por cuenta de un factor ajeno a la dinámica deportiva. Las jugadoras, que han manifestado en repetidas oportunidades su deseo de jugar en estadios con buena asistencia y condiciones óptimas, deberán ahora trasladarse hasta la capital boyacense para disputar las aspiraciones del título, lejos de su afición y con un escenario diferente al que acostumbran en compromisos de alta trascendencia.

La situación genera interrogantes sobre la planificación de eventos en los estadios que se usan tanto para fútbol como para conciertos, y pone de presente la necesidad de que las concesionarias y los clubes establezcan acuerdos claros que garanticen la protección de las competencias deportivas, especialmente las del fútbol femenino, que apenas comienza a consolidarse en el país. Mientras tanto, aficionados y jugadores esperan que se repita una final con el marco que su importancia merece, aunque esta vez el espectáculo musical se haya robado el protagonismo.

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