Serie de incidentes diplomáticos marca el legado de Gustavo Petro en el exterior

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Desde el primer día de su mandato, el presidente Gustavo Petro se propuso convertir a Colombia en un referente global, pero una serie de incidentes diplomáticos y de protocolo empañaron su proyección internacional y generaron tensiones con aliados clave. Entre enero de 2023 y los primeros meses de 2025, el mandatario protagonizó episodios que van desde crisis abiertas con Estados Unidos y desaires a jefes de Estado hasta confusiones simbólicas y cifras falsas en ferias internacionales, dejando un saldo de críticas dentro y fuera del país.

Uno de los momentos más críticos ocurrió el 26 de enero de 2025, cuando Petro desautorizó el aterrizaje de un vuelo con deportados colombianos procedentes de Estados Unidos, una decisión que desencadenó una respuesta inmediata del presidente estadounidense Donald Trump. Trump amenazó con imponer aranceles de hasta el 50% y revocar visas, escalando el conflicto hasta la suspensión de la visa de Petro y su inclusión en la llamada lista Clinton. El episodio marcó un punto de inflexión en las relaciones bilaterales y evidenció la fragilidad de los vínculos con la Casa Blanca.

Desaires protocolares y confusiones simbólicas

En octubre de 2023, durante una cena oficial en China, Petro ignoró al presidente Xi Jinping, versión que el propio mandatario negó tajantemente. “Yo hablé con Xi Jinping, no sea mentiroso”, respondió Petro al excanciller Álvaro Leyva, quien había revelado públicamente el incidente. Leyva calificó la situación como “gran vergüenza” y atribuyó el fracaso del acuerdo de la Ruta de la Seda a sabotajes internos en la Cancillería. La controversia dejó en evidencia fisuras en el equipo diplomático.

En Uruguay, durante un encuentro con el expresidente Pepe Mujica en enero de 2023, Petro mostró una bandera que combinaba los símbolos del M-19 y los Tupamaros, gesto que fue interpretado como una falta de sensibilidad hacia las víctimas del conflicto armado colombiano. La imagen dio la vuelta al mundo mientras el mandatario intentaba proyectar una imagen de reconciliación. Meses después, en Chile, desapareció de una cena oficial alegando que visitaría la tumba de Pablo Neruda, canceló un desayuno con la familia de Salvador Allende y confundió a la escritora Isabel Allende con María Isabel Allende, generando desconcierto entre sus anfitriones.

En Brasil, Petro no apareció en la foto oficial de la Cumbre de la Amazonía, un foro clave para su agenda ambiental. En Turquía, dejó esperando al presidente Recep Erdogan durante una llamada programada. En Ecuador, evitó felicitar al presidente electo Daniel Noboa y cuestionó la legitimidad del proceso electoral, comparándolo con comicios en Venezuela. En París, se ausentó de un evento oficial alegando que estaba con su familia, y canceló una reunión en Londres con el exprimer ministro Tony Blair.

Discursos fuera de lugar y excesos protocolares

Los foros multilaterales tampoco escaparon de la controversia. En Alemania, durante un discurso en el Muro de Berlín, Petro pronunció un mensaje que el excanciller Álvaro Leyva calificó como una “gran vergüenza” por su falta de pertinencia histórica. En la Asamblea General de la ONU y otras cumbres, el mandatario recurrió a frases como “esparcir el virus de la vida por las estrellas del universo”, que fueron recibidas con desconcierto por la audiencia internacional. En Chicago, durante el funeral del líder Jesse Jackson, Petro extendió su intervención por más de 17 minutos, superando el tiempo asignado y generando incomodidad entre los asistentes.

En Lisboa, un reporte de la Unidad de Información y Análisis Financiero reveló un gasto de 209.000 pesos colombianos en el club de striptease Ménage, hecho que Petro justificó con un enigmático mensaje: “Algún día contaré por qué me gasté 40 euros en ese sitio”. La cifra, aunque módica, levantó preguntas sobre la agenda del mandatario durante visitas oficiales.

La lechona de Osaka y la audiencia papal

En Osaka, durante una feria comercial en 2025, Petro afirmó que Colombia había vendido “10 millones de toneladas” de lechona, una declaración que fue desmentida por Procolombia, que reportó apenas diez toneladas. La cifra, si hubiera sido cierta, habría equivalido a 333 mil camiones cargados, lo que desató burlas en redes sociales y críticas de la oposición. En Italia, durante una audiencia con el Papa León XIV, Petro asistió acompañado de Vanessa Cortés, una mujer que la prensa señala como su presunta pareja, mientras Verónica Alcocer seguía siendo primera dama. Cortés, cuyo patrimonio pasó de salarios inferiores a tres millones de pesos a ingresos y bienes superiores a 1.200 millones, generó cuestionamientos sobre su rol oficial en la comitiva.

“Algún día contaré por qué me gasté 40 euros en ese sitio”

Gustavo Petro, presidente de Colombia, sobre el gasto en el club Ménage en Lisboa

El saldo de estos episodios, al término del mandato de Petro (2022-2026), es el de una administración que buscó con ahínco un liderazgo global pero que terminó envuelta en polémicas que minaron su credibilidad internacional. Mientras la oposición, encabezada por la representante Katherine Miranda, denunciaba “impropias de su investidura”, el gobierno justificaba las acciones como parte de una diplomacia disruptiva. La historia, sin embargo, registrará estos cuatro años como un período de tensiones constantes en el frente exterior colombiano.

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