Siete de una familia mueren por deslizamiento en La Oscurana, Mallama, Nariño

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En una tragedia que enluta a la vereda La Oscurana del municipio de Mallama, en Nariño, siete integrantes de una misma familia perdieron la vida sepultados por un devastador deslizamiento de tierra provocado por las intensas lluvias que azotaron la zona durante la noche del viernes 6 de febrero. Las víctimas fueron identificadas como Pablo Palacios, su esposa Luz, su hijo Jesús Darío, Pedro Palacios, la esposa de este Julia Guelpad, su hijo César Palacios y la nieta Cintia Palacios, una joven deportista. El alud destruyó completamente seis viviendas, afectó un centro educativo y dañó cinco vehículos, dejando además dos personas heridas.

La recuperación de los cuerpos se llevó a cabo el sábado 7 de febrero con el esfuerzo conjunto de socorristas del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, unidades de Defensa Civil provenientes de Pasto e Ipiales, la Cruz Roja de Túquerres, el cabildo indígena, un canino especializado y la comunidad local. Este movimiento en masa de tipo traslacional superó las capacidades de respuesta a nivel departamental, por lo que las autoridades municipales solicitaron ayuda humanitaria urgente a la Gobernación de Nariño y al Gobierno Nacional. Entre los daños colaterales se registraron afectaciones en el fluido eléctrico, la bocatoma del acueducto y el puesto de salud de la vereda.

Apoyo inmediato y cifras del desastre

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF, desplegó atención psicosocial para las familias afectadas, mientras que la Secretaría de Infraestructura proporcionó maquinaria pesada, incluyendo una retroexcavadora, y la comisión técnica de Gestión del Riesgo de Desastres de Nariño envió personal especializado. Darío Palacios, secretario de Gobierno de Mallama, y el alcalde Giovanny Muñoz lideraron las operaciones de rescate y evaluación, destacando la magnitud del evento con siete fallecidos, dos heridos, seis viviendas destruidas, un centro educativo impactado y cinco vehículos siniestrados.

Este siniestro subraya la vulnerabilidad de las zonas rurales ante las lluvias intensas, comunes en esta época del año en el suroccidente colombiano, y pone en evidencia la necesidad de fortalecer las medidas de prevención y respuesta ante desastres naturales en regiones como Nariño.

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