La tarde de este lunes, el Servicio Geológico Colombiano reportó un sismo de magnitud 7,4 con epicentro en el departamento de Chocó, generando una ola de preocupación entre la ciudadanía no solo por los posibles daños físicos sino también por las secuelas emocionales que eventos de esta magnitud pueden dejar. Ante este panorama, Nathalia Patricia Rey Gómez, profesora de Psicología de la Universidad Católica de Colombia, ofreció una clarificación fundamental: muchas de las reacciones que las personas experimentan en las horas y días posteriores a un terremoto son respuestas normales del organismo y no implican necesariamente el desarrollo de un trastorno mental.
La especialista explicó que el cuerpo puede reaccionar con palpitaciones, temblores, opresión en el pecho, alteraciones del sueño y dificultad para concentrarse. Estas manifestaciones, aclaró Rey Gómez, no significan que la persona esté perdiendo el control, sino que corresponden a respuestas fisiológicas y emocionales ante una situación de emergencia. Junto a estos síntomas físicos, es posible que surjan imágenes o sonidos asociados al evento, miedo, confusión, desorientación, tristeza, angustia y una sensación de pérdida de control, todo dentro de lo esperable en el marco de una experiencia traumática.
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
La profesora Rey Gómez advirtió la importancia de diferenciar estas reacciones transitorias de condiciones que requieren una valoración profesional, como el estrés postraumático o la depresión. Entre las señales de alerta que deben encender las alarmas mencionó los recuerdos intrusivos persistentes, el aislamiento social, alteraciones prolongadas del estado de ánimo, sentimientos de desesperanza o pensamientos relacionados con la pérdida del sentido de la vida. Asimismo, un malestar intenso que no cede, un estado de alerta permanente que interfiere con actividades básicas como comer, dormir, trabajar o relacionarse, son criterios claros para buscar apoyo de un especialista.
«Es importante diferenciar estas reacciones de condiciones como el estrés postraumático o la depresión, que requieren una valoración profesional. Algunas señales de alerta pueden ser los recuerdos intrusivos persistentes, el aislamiento, alteraciones prolongadas del estado de ánimo, sentimientos de desesperanza o pensamientos relacionados con la pérdida del sentido de la vida».
Nathalia Patricia Rey Gómez, profesora de Psicología, Universidad Católica de Colombia
La experta también ofreció pautas para el manejo de los primeros auxilios psicológicos, una estrategia que se basa en una presencia cálida, la escucha empática y la conexión con las redes de apoyo, sin forzar relatos ni acelerar procesos. Recomendó recuperar las rutinas progresivamente, practicar ejercicios de respiración pausada, mantener contacto con personas de confianza y limitar la exposición a noticias o rumores que puedan aumentar la angustia. El cuidado del descanso resulta igualmente fundamental para permitir que el organismo se regule de forma natural.
«Fisiológicamente, el cuerpo puede reaccionar con palpitaciones, temblores, opresión en el pecho, alteraciones del sueño y dificultad para concentrarse. Es importante comprender que estas manifestaciones, por sí solas, no significan que la persona esté perdiendo el control o desarrollando inmediatamente un trastorno mental, sino que pueden corresponder a respuestas fisiológicas y emocionales ante una situación de emergencia».
Nathalia Patricia Rey Gómez, profesora de Psicología, Universidad Católica de Colombia
Finalmente, Rey Gómez hizo un llamado al acompañamiento respetuoso por parte del entorno social y familiar. Apoyar sin revictimizar implica respetar el silencio, acompañar con gestos sencillos, no juzgar la manera en que cada persona expresa su sufrimiento y evitar frases que minimicen la experiencia vivida. La escucha activa y la presencia serena pueden ser fundamentales en estos momentos para que quienes han vivido el sismo encuentren un espacio seguro donde procesar lo ocurrido y retomar poco a poco su equilibrio emocional.










