Sismo de 7,4 en Colombia hace 13 días: 329 muertos y rescates heroicos

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El pasado 28 de julio, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió a Colombia, dejando a su paso una estela de destrucción y dolor que hoy, trece días después, se combina con historias de heroísmo, solidaridad y resiliencia. Con un saldo parcial de 329 fallecidos, 247 desaparecidos y al menos quince departamentos afectados, el sismo colapsó un centenar de edificaciones y puso a prueba el temple de médicos, rescatistas y ciudadanos comunes. Sin embargo, entre los escombros también surgieron actos que han enaltecido el espíritu humano, desde quirófanos que no se detuvieron hasta campañas de recolección que movilizaron toneladas de ayuda.

En el Hospital Universitario del Valle, en Cali, la anestesióloga Claudia Komaromy se negó a abandonar a su paciente cuando el edificio empezó a temblar y una torre del hospital se desplomó. «Nadie está obligado a lo imposible. Pero sí hemos aprendido de experiencias previas. Las guías aconsejan detener la cirugía, cubrir al paciente y evacuarlo en cuanto sea viable», declaró Komaromy a El Colombiano. Su determinación fue absoluta: «Somos personas que hacen lo que hay que hacer. Ningún paciente fue abandonado, porque eso es lo que dicta el profesionalismo». Mientras tanto, en Apartadó, el pediatra Germán Somoyar Duarte evacuó a los recién nacidos de la Clínica Panamericana, arriesgando su vida en medio del caos. Su actuación llamó la atención internacional, y días después recibió una invitación para formarse en Alemania.

Refugios y redes de solidaridad que nacieron del caos

Lejos de los hospitales, la respuesta ciudadana fue inmediata. El cantante Jhonny Rivera convirtió su hotel en Pereira en un refugio y centro de acopio, y además trasladó a treinta adultos mayores a su finca para garantizar su seguridad. En Medellín, la creadora de contenido Andrea Rico organizó la recolección de más de 45 toneladas de alimentos y suministros, que fueron enviados a comunidades apartadas de Chocó. Su labor no pasó desapercibida para la cantante Karol G, quien le agradeció públicamente en redes sociales: «La información que has compartido ha sido muy importante y ha dado muchísima luz. Lo tuyo está llegando muy lejos y, sobre todo, se está convirtiendo en ayuda real».

Entre las víctimas, hay relatos que escalofriantes y a la vez esperanzadores. Mateo Yepes y Martha Serna, madre e hijo, quedaron atrapados bajo los escombros de su vivienda en Pereira. Durante las horas de incertidumbre, mientras un grupo de obreros trabajaba en el rescate, Mateo alcanzó a decirle a su madre: «Gracias, mamá, gracias, hijo, gracias por esta vida, fui muy feliz». Ambos fueron rescatados con vida. En otra escena desgarradora, un padre racionó el aire de su pequeño hijo, Salomón, mientras esperaban ser liberados, un gesto de amor extremo que todavía conmueve a quienes lo conocen.

Un país que se rehúsa a rendirse

Las cifras oficiales aún son parciales: 329 muertos, 247 desaparecidos, un centenar de edificaciones colapsadas y al menos quince departamentos con afectaciones significativas. Pero los números no alcanzan a medir el coraje de quienes, como Komaromy, Somoyar o los rescatistas anónimos, pusieron el deber y la humanidad por encima del miedo. A trece días de la tragedia, Colombia continúa en duelo, pero también en pie, reconstruyendo vidas y demostrando que la solidaridad es, a veces, el único terremoto que puede cambiar todo para bien.

«Somos personas que hacen lo que hay que hacer. Ningún paciente fue abandonado, porque eso es lo que dicta el profesionalismo».

Claudia Komaromy, anestesióloga

El 10 de agosto, mientras las autoridades actualizan los censos y los equipos de emergencia siguen buscando desaparecidos, estas historias se convierten en faros de luz en medio de la oscuridad. La lección, una vez más, es que ante la adversidad, la grandeza del ser humano se manifiesta en pequeños y grandes gestos que merecen ser recordados.

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