Una denuncia que arroja luz sobre una red internacional de trata de personas llega desde Colombia a través de Blu Radio. Allison Vivas, sobreviviente de este flagelo y activista, denunció la presunta complicidad de autoridades policiales en México y relató su historia de explotación, una deuda que superaba los 40 millones y su posterior repatriación desde México. El testimonio, difundido en el marco del programa Relatos al Límite, describe cómo una promesa de empleo en un restaurante dio inicio a un viaje orquestado, con la retención del pasaporte, la imposición de una deuda y un riguroso control, hasta que autoridades lograron intervenir para su rescate y facilitar su regreso a Colombia, con un proceso que incluyó amparo legal y, finalmente, deportación.
En su relato, Allison detalla que todo comenzó con la promesa de una oportunidad laboral y que, tras hablar con amigas que habían aceptado ofertas similares, se fue descubriendo un panorama de engaños. «Yo podía trabajar, gastar poco y enviar el resto a mi casa o ahorrar para la universidad», dijo, recordando el inicio de la cadena de promesas que la llevó a migrar y a quedar atrapada en un esquema de vigilancia y castigos económicos. «Yo conocí a mis amigas en el 2013, saliendo del colegio, entre una cosa y otra, coincidí con ellas… una de ellas fue quien consiguió la oferta de empleo y se fue primero. Entonces, empezó como a hacer publicaciones, como a sembrarnos la duda a todas de, de lo que ella estaba viviendo», relató. A partir de ese momento, el relato señala que «hasta que no pagues tu deuda, no puedes empezar a recibir un sueldo completo» y que la detención de la libertad dio paso a un sistema de multas que se imponía por cualquier conducta considerada inapropiada, desde emborracharse hasta negarse a atender a un cliente.
Allison explicó que los responsables sabían absolutamente todo sobre cada viajero: «Ellos saben perfectamente quién viaja, en qué vuelo va, cómo está vestida, por qué filtro va a pasar… Ellos saben absolutamente todo», y que la denuncia de su caso está cargada de un temor real a exponer la verdad: «Yo no quería hacer un escándalo de sáquenme de aquí y me quiero ir porque yo sabía que me iba a ir en un cajón o simplemente me desaparecían y yo ya no iba a volver a ver a mi familia». Su historia describe un sometimiento que afectó su autonomía física y su identidad: «Yo ya no tenía poder de decisión ni siquiera sobre mi cuerpo. Sentía que me había separado físicamente de todo lo que yo era».
La narrativa de Allison también documenta las condiciones inhumanas vividas en México, donde relata que las víctimas fueron privadas de bañarse, de llamar y fueron encerradas en un salón de cristal bajo un calor extremo. En su relato aparece además un proceso de rescate por parte de autoridades mexicanas, seguido de la repatriación a Colombia y de un amparo que, según su testimonio, no significó un cambio sustancial para las víctimas en aquel momento. «A ellos los dejaron en libertad. El amparo fue simplemente firme acá, firme acá, firme acá» y «Yo no soy víctima, soy sobreviviente» son algunas de las frases que subrayan la experiencia de quienes, como ella, logran sobrevivir a estas redes y reorganizan su vida desde la defensa de los derechos de otras víctimas.
Este caso, que también ha servido para visibilizar las fallas del sistema y la posible complicidad de autoridades migratorias y policiales, se inscribe en un contexto de redes internacionales que prometen empleo y migración, pero que terminan en explotación, deuda y violencia. Las investigaciones citan a Blu Radio, Colprensa, AFPE y EF como fuentes que han documentado este testimonio y su significado dentro de una problemática que persiste en diferentes países. Allison, además, acogió en su casa a dos víctimas que regresaron a Colombia, una acción que ha transformado su experiencia en una labor de alerta y apoyo para otras personas que atraviesan situaciones similares.
Una historia que revela un modus operandi internacional y su impacto
El relato de Allison Vivas, recogido por Blu Radio y apoyado por la cobertura de Colprensa y otras entidades, subraya un modus operandi que combina promesas laborales y migratorias con control económico, retención de documentos y vigilancia constante. Las cifras son contundentes: deudas significativas, jornadas laborales que podían abarcar 15 horas diarias —desde las 2:00 p. m. hasta las 5:00 a. m.— y apenas un día de descanso semanal. Estas condiciones no solo exponen a las víctimas a un desgaste extremo, sino que condicionan su capacidad de búsqueda de ayuda y de salida del sistema.
«Yo no quería hacer un escándalo de sáquenme de aquí y me quiero ir porque yo sabía que me iba a ir en un cajón o simplemente me desaparecían y yo ya no iba a volver a ver a mi familia» – Allison Vivas
«Lo principal es que si no hay clientes, no hay demanda, no hay negocio. Sin clientes no hay tráfico» – Allison Vivas
«Cuando tú ves que la Policía entra a un lugar de esos y ves que todas son colombianas o que todas son extranjeras, ¿y eso no te resuena? ¿No te parece rarísimo? Ellos lo sabían» – Allison Vivas
La historia de Allison ha trascendido como una experiencia que, más allá de su dolor, se convirtió en una causa. Su activismo ha buscado inspirar a otras víctimas a denunciar y a exigir respuestas, y la experiencia de su participación en la Cumbre contra la Trata de Personas en Cartagena resalta la dimensión internacional de esta problemática. En ese marco, su caso se utiliza para concienciar sobre la trata y la reducción de la demanda, al tiempo que se promueve una mayor responsabilidad institucional ante estas dinámicas. Según las fuentes citadas, la historia de Allison ha servido también para motivar a otros a buscar apoyo y a denunciar abusos, convirtiéndose en una señal de alerta para autoridades y comunidades afectadas por redes de explotación.
En última instancia, la experiencia de Allison Vivas refleja el costo humano de una cadena de engaños y violencia que opera entre países y que continúa reclamando respuestas firmes. Su testimonio, recogido por Blu Radio y respaldado por agencias como Colprensa, AFPE y EF, se erige como un llamado a la acción: reforzar las medidas de protección para las víctimas, cuestionar las posibles complicidades institucionales y, sobre todo, ampliar las oportunidades de acompañamiento y reparación para quienes han sufrido estas graves violaciones de derechos humanos. Allison, que abrió su casa a otras víctimas, demuestra que la lucha contra la trata no se queda en la denuncia, sino que se transforma en apoyo práctico y en una campaña de esperanza para quienes buscan regresar a una vida libre de explotación.

















