Sopa de arepas con costillas de res y cerdo en altiplano cundiboyacense

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En las cocinas campesinas del altiplano cundiboyacense y regiones andinas como Antioquia, Boyacá y Cundinamarca, la sopa de arepa con costilla de res y cerdo se erige como un plato tradicional que rescata las arepas de maíz sobrantes del día anterior, transformándolas en un caldo reconfortante junto a papas, verduras y hierbas. Esta receta, nacida en los fogones andinos, aprovecha al máximo los ingredientes cotidianos para crear una sopa sustanciosa que protagoniza reuniones familiares y fiestas patronales, destacando el ingenio de la cocina campesina andina.

La preparación comienza hirviendo 500 gramos de costilla de res y 300 gramos de costilla de cerdo en dos litros de agua durante una hora, momento en el que se incorporan cebolla larga, dos dientes de ajo, una mazorca, una zanahoria y papas sabaneras y criollas. Posteriormente, se agregan ocho arepas pequeñas de maíz blanco, preferiblemente con doce horas de antelación para que no estén frescas, y se cocina todo por quince minutos adicionales. El proceso total demanda dos horas, entre treinta minutos de preparación y una hora y media de cocción, rindiendo seis porciones generosas que se conservan tres días en la nevera o dos meses congeladas.

Ingredientes y secretos para el sabor auténtico

Entre los ingredientes esenciales figuran cuatro papas sabaneras, dos papas criollas, además de opcionales como una hoja de laurel, una rama de cilantro fresco, sal y pimienta, que realzan el aroma y el gusto del caldo. Un consejo clave de los cocineros andinos es triturar parte de las papas criollas para espesar la sopa de manera natural y retirar la espuma durante la ebullición para obtener un caldo limpio y cristalino.

Tradición en cada bocado

Servida caliente en platos hondos y coronada con cilantro picado fresco, esta sopa evoca la calidez de los hogares andinos, donde el reciclaje de las arepas en un potaje nutritivo no solo alimenta el cuerpo, sino que fortalece los lazos familiares en celebraciones como las fiestas patronales. Su popularidad perdura como emblema de la gastronomía colombiana, invitando a redescubrir sabores ancestrales en la mesa diaria.

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