En Colombia, durante la Semana Santa, especialmente en el Triduo Pascual que abarca el Jueves, Viernes y Sábado Santo, los fieles de diversas regiones como Bogotá, Neiva, Popayán y otros pueblos mantienen vivas antiguas supersticiones y costumbres de recogimiento espiritual. Entre estas prácticas populares, transmitidas de generación en generación, se encuentran evitar barrer la casa, clavar objetos, bañarse en ríos, cortar el cabello, lavar ropa, subirse a árboles, tener relaciones sexuales, apagar la música, cubrir los espejos o vestirse de rojo y negro, todo ello como muestra de respeto al recuerdo de la Última Cena del Jueves Santo, la crucifixión de Jesús el Viernes Santo y el luto del Sábado Santo, culminando con la resurrección el Domingo de Pascua.
Estas tradiciones se intensifican en el Viernes Santo a las 3:00 de la tarde, hora simbólica de la muerte de Cristo establecida por el Papa Pío XII en la década de 1950, momento en el que se recomienda hablar en voz baja, caminar despacio y abstenerse de actividades laboriosas. Los fieles participan en procesiones, visitas a iglesias y sermones de las siete palabras, priorizando el pescado y mariscos en lugar de la carne roja, mientras que el Sábado Santo transcurre sin misas hasta la Vigilia Pascual por la noche, iluminada por cirios, y se sugiere dedicar tiempo en familia viendo películas religiosas.
El Triduo Pascual y sus cambios en la Iglesia Católica
El Triduo Pascual concentra los actos litúrgicos más emblemáticos de la Semana Santa, movilizando a familias enteras en rituales de recogimiento espiritual, procesiones y música sacra transmitida por televisión y radio. La Iglesia Católica ha introducido novedades, como la inclusión de mujeres en el lavatorio de pies impulsada por el Papa Francisco, adaptando estas celebraciones al contexto actual, aunque observadores notan una menor vigencia de estas costumbres entre los jóvenes, quienes combinan el fervor tradicional con las vacaciones familiares.
Estas prácticas, arraigadas en el significado sagrado de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, refuerzan el lazo comunitario en ciudades y pueblos colombianos, invitando a un paréntesis de reflexión en medio de la vida cotidiana.











