En la parte alta de la comunidad indígena Serankwa, en la zona rural de Aracataca, en la Sierra Nevada de Santa Marta, departamento de Magdalena, se registraron intensos enfrentamientos armados entre el Clan del Golfo y las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, también conocidas como Los Pachencas, los pasados 6 y 7 de marzo. Estos choques, que incluyeron el uso de explosivos y la detonación de una granada que causó una de las muertes, dejaron un saldo trágico de tres indígenas asesinados, un niño de seis años herido y al menos seis integrantes de la comunidad arhuaca más heridos, además de dos mujeres reportadas como desaparecidas.
La confrontación entre estos grupos armados ilegales ha generado una escalada de violencia en un territorio estratégico, evidenciando el deterioro de la seguridad en la región. Semanas antes, ambos bandos habían participado en encuentros con el Gobierno Nacional, comprometiéndose a respetar el Derecho Internacional Humanitario, DIH, lo que hace aún más grave esta nueva irrupción de hostilidades que ha confinado a las comunidades indígenas, provocado desplazamientos, una emergencia humanitaria con destrucción de viviendas, corrales y animales, suspensión de clases y restricciones a la movilidad debido a material bélico sin detonar.
Respuesta institucional y pedido de ayuda humanitaria
El Ejército Nacional ha reposicionado tropas con el apoyo de la Policía Nacional y la Fuerza Aeroespacial Colombiana para recuperar el control territorial e ingresar ayuda humanitaria a la zona afectada, redirigiendo unidades que participaban en el Plan Democracia. La Defensoría del Pueblo ha solicitado la apertura de un corredor humanitario, mientras que Iris Marín, defensora del Pueblo, advierte sobre un confinamiento total en la área. Por su parte, el mayor general Royer Gómez Herrera, comandante del Ejército, ha explicado que estas confrontaciones se están dando precisamente en territorios indígenas, lo que agrava la situación humanitaria.
Este episodio subraya la fragilidad de los acuerdos de paz en zonas como la Sierra Nevada de Santa Marta y pone en jaque los esfuerzos por proteger a las comunidades indígenas arhuacas, que continúan bajo amenaza constante en medio de la pugna entre grupos armados ilegales.











